Jesús les dijo otra vez: «Yo me voy y vosotros me buscaréis, y moriréis en vuestro pecado. Adonde yo voy, vosotros no podéis ir.» Los judíos se decían: «¿Es que se va a suicidar, pues dice: “Donde yo voy no podéis venir vosotros”?» Él les decía: «Vosotros sois de abajo, yo soy de arriba. Vosotros sois de este mundo, yo no soy de este mundo. Ya os he dicho que moriréis en vuestros pecados, porque si no creéis que Yo Soy, moriréis en vuestros pecados.» Entonces le decían: «¿Quién eres tú?» Jesús les respondió: «Desde el principio, lo que os estoy diciendo. Mucho podría hablar de vosotros y juzgar pero el que me ha enviado es veraz, y lo que le he oído a él es lo que hablo al mundo». No comprendieron que les hablaba del Padre. Les dijo, pues, Jesús: «Cuando hayáis levantado al Hijo del hombre, entonces sabréis que Yo Soy, y que no hago nada por mi propia cuenta; sino que, lo que el Padre me ha enseñado, eso es lo que hablo. Y el que me ha enviado está conmigo: no me ha dejado solo, porque yo hago siempre lo que le agrada a él.» Al hablar así, muchos creyeron en él. (San Juan 8, 21-30).
COMENTARIO
Una vez más en este itinerario cuaresmal somos invitados a la fe en la misericordia divina que se ha hecho carne en Cristo. Jesús anuncia su igualdad con Yo soy, y a la vez, prepara su distinción con el Padre dentro del misterio de su unidad. La salvación de los judíos es creer en esta revelación suya, antes que esta Verdad se les imponga cuando sea levantado.
Nadie puede perdonar pecados más que Dios. De ahí que creer en Cristo como el Señor, sea cuestión de vida o muerte para todos nosotros, como lo fue también para los judíos: “Ya os he dicho que moriréis en vuestros pecados, porque si no creéis que Yo Soy, moriréis en vuestros pecados.”
Creer en Cristo es acoger la misericordia de Dios Padre, que lo ha enviado a salvar al mundo perdonando el pecado y destruyendo la muerte. Lo que sucedió en figura cuando Israel murmuraba de Dios y fue mordido por las serpientes en el desierto, se hace ahora realidad universal para cuantos hemos sido mordidos por la muerte del pecado: Cristo es elevado en el mástil de la cruz, como remedio a la muerte por la fe en él. Mientras Cristo regresa al Padre, cumplida su misión, quien no lo haya acogido no puede seguirlo y permanece en la muerte del pecado: “Donde yo voy vosotros no podéis venir”, porque sois de abajo; yo soy de arriba y vuelvo a donde pertenezco.
Los judíos van a levantar a Cristo en la cruz dándole muerte, y el Padre lo va a exaltar a la gloria resucitándolo, y con él a cuantos lo han acogido por la fe, sentándolos con él en los cielos: “Si habéis resucitado con Cristo, buscad las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la diestra de Dios.” “Porque habéis muerto y vuestra vida está oculta con Cristo en Dios.
