“Habéis oído que se dijo a los antepasados: No perjurarás, sino que cumplirás tus juramentos. Pues yo os digo que no juréis en modo alguno: ni por el cielo porque es el trono de Dios, ni por la tierra, porque es el escabel de sus pies; ni por Jerusalén, porque es la ciudad del gran Rey.
Ni tampoco jures por tu cabeza, porque ni uno solo de tus cabellos puedes hacer blanco o negro. Sea vuestro lenguaje: Sí, sí; no, no: que lo que pasa de aquí viene del Maligno (San Mateo 5, 33-37).
COMENTARIO
Estas palabras de Jesús las pronuncia durante el llamado “Sermón del Monte”. San Mateo lo presenta al principio de su ministerio en Galilea, después de su bautismo por Juan y tras las tentaciones, una vez que Juan fue arrestado por orden de Herodes Antipas.
Jesús deja la zona del Jordán y su entorno desértico y se retira a Galilea, mucho más verde y fértil. Por lo tanto más acorde con su carácter alegre y positivo. Si durante las tentaciones ha manifestado su dependencia absoluta y sin fisuras del Dios de Israel, si ha vencido las asechanzas del Maligno allí donde el pueblo de Dios, guiado por Moisés sucumbió.
Ha adquirido una conciencia viva de ser el nuevo Moisés, llamado a promulgar solemnemente y con claridad la nueva Ley. Por eso ha comenzado a proclamar “el tiempo se ha cumplido, convertíos y creed la buena noticia”. Esa buena noticia la va a concretar. Sube a una montaña, como Moisés subió al Sinaí.
Esta vez no hay truenos y relámpagos que impresionaron a los Israelitas tras haber pasado el mar Rojo, y haber caminado un buen trecho por el desierto. Esta vez Jesús sencillamente sube a una montaña y se sienta amistosamente rodeado de un grupo de amigos y una multitud que ha descubierto su poder de curar toda clase de enfermedades y le sigue gozosa disfrutando del poder divino que cura y da vida.
Ha proclamado la nueva Ley, lo que llamamos las Bienaventuranzas. La Buena Noticia.
Habéis oído que se dijo a los antepasados. Jesús trae una novedad. Ya ha enseñado las nuevas formas de rezar, de ayunar y de dar limosna que eran las tres formas de piedad del Israelita piadoso.
Ahora entra en el tema de los juramentos. Si se empeña la palabra con juramento, hay que cumplir lo prometido. Es lo que pertenece. Jesús sin embargo es más radical: no juréis en modo alguno. La sencillez es lo que cuadra a los que se adhieren a su persona; que vuestro sí sea sí y vuestro no, sea no. Lo que pasa de ahí viene del Maligno.
El Maligno es el padre de la mentira; miente desde el principio dice Santiago en su carta. Jurar no es mentir, ciertamente, pero es un apoyo a la verdad que no es necesario según el pensar de Jesús. Él suele emplear una expresión antigua para apoyar sus dichos: En verdad en verdad os digo. Es una expresión retórica para reforzar la valía de sus afirmaciones, no equivale a un juramento, sólo es una fórmula de solemnidad, de refuerzo de lo que dice.
Quedémonos con lo que afirma Jesús, vuestro sí sea sí, vuestro no sea no.

2 comentarios
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