«ld al mundo entero y proclamad el Evangelio a toda la creación. El que crea y sea bautizado se salvará; el que no crea será condenado.
A los que crean les acompañarán estos signos: echarán demonios en mi nombre, hablarán lenguas nuevas, cogerán serpientes en sus manos y, si beben un veneno mortal, no les hará daño. Impondrán las manos a los enfermos, y quedarán sanos» (San Marcos 16, 15-18).
COMENTARIO
Dios envió a su Hijo al mundo porque quiere la salvación de todos los hombres. En Jesucristo se ha hecho justicia para reparar el daño que las personas de todos los tiempos hemos hecho, y haremos al pecar. Así, está restablecida la justicia y se han abierto las puertas del cielo para todos los hombres.
Sin embargo, al ser semejantes a Dios somos libres, capaces de amar. Pero nadie puede obligarnos a aceptar el regalo de Jesucristo, por lo que dada nuestra naturaleza pecadora, podemos elegir actuar al dictado de nuestras pasiones, apartándonos de Dios.
Por eso, es importante que las gentes conozcan a Jesucristo hasta el punto de que para los cristianos no hay ocupación más importante que esta: El encargo de Jesús a sus discípulos, que es el mismo que hoy nos hace a los cristianos del siglo XXI: “ld al mundo entero y proclamad el Evangelio a toda la creación.”
No hay tarea más importante que la de hacer que llegue hasta el último rincón de la tierra el mensaje del Evangelio. Dar a conocer a todas las gentes al Mesías, al Salvador, a Jesucristo; pues es imposible ir al cielo si no es a través de Él.
Vivimos para poner en juego nuestra libertad de manera que, al hacerlo nos decantemos por rechazar las obras de las tinieblas y entrar en la voluntad divina. Si se conoce a Jesucristo, si se sabe lo que dijo e hizo, si se acostumbra uno a contar con Él, a rezar con fe, será más fácil entrar en la voluntad de Dios y prepararse para el momento en el que nos llame para darnos la “vida eterna”
Muchas personas, dedicadas en cuerpo y alma en llevar a buen fin sus ocupaciones temporales, han descuidado lo principal: “Id al mundo entero y proclamad el Evangelio a toda la creación”.
Ambas cosas son compatibles, pues para cumplir el mandato de Jesucristo, las obras y el estilo de vida son más importantes que las palabras –aunque tampoco deben faltar. Con el ejemplo se facilita el camino al Señor hacia el corazón de los demás y, cuando Jesús se manifieste en cualquiera de los medios que tiene de hacerlo, habremos de mostrárselo así a las personas. Después, Dios se encargará de actuar en los demás cuándo y dónde lo tenga dispuesto, sin necesidad de que nadie se entrometa presionando a las personas para que se conviertan.

4 comentarios
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