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BuenaNueva 34

Directa al cielo

By BuenaNueva30 de mayo de 2012Actualizado:4 de noviembre de 2012No hay comentarios10 Mins de lectura
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Con mucha dificultad hemos conseguido encontrar un momento para relataros los acontecimientos que se han ido sucediendo en estos días… para tener un memorial de cuánto Dios nos ha regalado en este tiempo tan precioso.
Hemos esperado el nacimiento de esta niña durante nueve meses y tres semanas; un tiempo que parecía no tener fin, puesto que, según las previsiones de los médicos, Anna Michelle tenía que ser prematura… El tiempo transcurría entre consultas en el hospital, que nos preparaban para las múltiples eventualidades de un nacimiento que tampoco para los médicos resultaba demasiado claro.
En la tercera semana de retraso, después de tres intentos fallidos de inducción al parto de forma natural, tuve un fuerte altercado con una médico que quería intentar provocar por cuarta vez el parto mediante la rotura de las aguas… Habrían así ocasionado la muerte de la pequeña, puesto que su cabecita, desprovista de protección alguna, habría resultado dañada por el instrumental quirúrgico que seguramente tendrían que utilizar. Según el planteamiento médico y ético del hospital, tenía menos importancia el valor de la vida de esta niña frente a los riesgos que un parto cesáreo podría acarrear para María, su madre…, simplemente porque se trataba de una niña terminal, cuya suerte no experimentaría ningún cambio con una cesárea. Con mucha insistencia e implorando la cesárea inicialmente denegada, los médicos accedieron a llevarla a cabo.
La mañana del lunes volvimos al hospital pidiendo que anticiparan la intervención, preocupados porque María había dejado de notar los movimientos habituales de Anna Michelle y pensábamos que la niña estaba sufriendo o se estaba muriendo debido al tiempo de retraso…
Ese día peregrinamos de una sección a otra del hospital, esperando sin éxito que quedara libre una cama o un quirófano. En ese momento pensé en lo que tenía que haber sentido la Sagrada Familia de Nazaret, cuando José y María llamaban a las puerta de las posadas pidiendo en vano hospitalidad para que el niño Jesús pudiera nacer. Volvimos afligidos a casa pero por lo menos nos habían confirmado, después de unos controles, que la niña estaba bien.
no se te ocultan mis lamentos
Sin embargo, tengo que decir que Dios hace siempre bien las cosas y con mayor sabiduría de lo que son nuestros planes. El martes se dio la máxima prioridad a la intervención de María y fue la primera operación de la mañana.
El nacimiento de Anna fue un momento impactante, un milagro de la vida… Ha nacido mediante una cesárea… y, por gracia de Dios, ha nacido viva… Es el tercer hijo que veo nacer y cada uno de ellos me ha tocado profundamente el alma. Ver un niño nacer a la vida es como rozar la esencia del amor que Dios tiene hacia cada hombre. A las 9:09 del 7 de febrero de 2012 he visto a nuestra hija Anna Michelle venir al mundo con un pequeño gemido y con su cuerpecito débil y frágil… Frágil, sí, pero con un deseo de vivir como queriendo decir al mundo que merece vivir la vida hasta el final…, merece la pena vivirla plenamente, aunque parezca no tener sentido y se esté sufriendo, porque en el fondo quien sufre ama. “Ama hasta el punto que te duela”, decía la Madre Teresa de Calcuta.
En su corta vida, he visto sufrir a Anna y os puedo asegurar que encogía el corazón. No tenía voz, no emitía ningún gemido cuando sufría, como si no quisiese mostrar ningún signo de rechazo hacia aquel sufrimiento… Sin embargo, sufría… He visto cómo guiñaba los ojos, abría la boca y arqueaba la espalda por el dolor. Cada vez que se le cambiaba una venda para curarle la cabecita, sufría en silencio. Su vida me ha recordado la de tantos niños inocentes matados en los abortos, que sufren de la misma forma silenciosa.
En un lado del quirófano los médicos se preparaban, disponiendo encima de una mesa el bisturí, las jeringas para la anestesia y todo el instrumental necesario para la intervención, mientras Don Dávide, el sacerdote hermano de María, a quien se le había permitido estar en el quirófano, en otra mesita preparaba el agua para el Bautismo, los óleos para la Confirmación y la Santa Eucaristía.
Ha nacido sin un gemido, como Jesús, entre un buey y una mula que solo servían para darle calor con su aliento… Como ellos, nosotros sus padres, prestando nuestro pequeño servicio a la acción mucho más grande que Dios estaba iniciando en ella, hemos decidido simplemente aceptar el don de su vida entre nosotros. En cuanto la han sacado del útero, los médicos la han apoyado sobre el pecho de María y mientras cosían a su madre, Anna Michelle recibía el Bautismo, con agua del Jordán sobre su cabecita tan frágil.
cambiaste el huracán en brisa suave
¡Qué emoción! ¡Qué belleza! Me resulta difícil expresar la alegría de ese momento. No pedíamos otra cosa a Dios que nos la donara viva durante algún instante… ¡Viva para poder recibir este sacramento! ¡Dayenú!, dicen los hebreos. ¡Con esto nos habría bastado! Pero no, Dios ha sido mucho más generoso y le ha donado más cosas… Fijaos que apenas una hora después de haber nacido estábamos en una habitación privada solo para nosotros, en un hospital atestado de pacientes hasta en los pasillos, porque no había sitio… Sin embargo, nosotros estábamos en la habitación más grande del departamento, rodeados por los familiares, en el momento maravilloso en que Anna Michelle ha podido recibir también la plenitud de los sacramentos de la iniciación cristiana: la primera Comunión y el Sacramento del Espíritu Santo, la Confirmación.
¡Dayenú! Ha celebrado su primer día de vida respirando con dificultad. Llevaba muchas horas con la carita morada y parecía que estuviera a punto de morir de un momento a otro. Pero ha vivido doce días… ¡Ha vivido la vida en plenitud! ¡Cómo desearía yo también una vida tan bella y llena, abandonado en los brazos de Dios Padre!
Aquella tarde se congregaron en la capilla del hospital todos los que se han unido a nosotros en ese momento. ¡Qué maravilloso ha sido tocar la belleza de la Iglesia Católica, que en la comunión de los santos se reúne para hacer Pascua con una hermana que está a punto de pasar al cielo! Hemos cantado los salmos de las Vísperas, dando gracias a Dios por su vida: “Qué amables son tus moradas, Señor… mejor es un día en tus atrios… pasando por el valle del llanto, lo cambia en bendición”. En esta liturgia, Anna ha recibido la vestidura blanca, el cirio del Bautismo y la parte del rito del effethá. Los hermanos han sido muy generosos; nos regalaron una maravillosa tarta nupcial y el mejor vino espumoso. Hemos celebrado… hemos descorchado la botella en el comedor del hospital, que en esta ocasión me parecía tan bello como la sala de convite de un palacio real.
Pasó la noche y también el día… así como el siguiente; días de hospital marcados por la visita de tantos peregrinos venidos también de lugares lejanos… El jueves de aquella misma semana los médicos nos dejaron salir del hospital para derivar a María y Anna Michelle a una residencia para niños terminales. Pasados un par de días, casi no podíamos creerlo, volvimos a casa con nuestra hija en brazos. Monté a toda prisa la cuna que guardaba en el trastero, ya que no estaba preparado para esta eventualidad. No creíamos que pudiéramos volver a casa con Anna Michelle viva y, sin embargo, aquella noche durmió en nuestra habitación entre María y yo.
Ha sido una niña buenísima. No ha llorado nunca… solamente una vez la he oído emitir un gemido. Enternecía ver el esfuerzo que hacía para tragar la leche que se le suministraba a través de una sonda que le bajaba por la nariz. ¡Nos ha conmovido ver la providencia de Dios! Las hermanas de comunidad que estaban amamantando a sus hijos se han animado a traernos su propia leche, la leche destinada a sus hijos.
Los días pasaban y parecía que Anna Michelle estaba cada vez mejor, haciéndonos albergar la esperanza de que su vida pudiera durar muchos más. Mientras tanto había entrado a formar parte del 5 % de niños con esta patología que sobreviven más allá de los cinco días de vida. ¡Dayenú, dayenú! ¡Esto nos habría bastado!
Los días transcurridos a su lado han sido maravillosos. Es verdad que Dios sostiene en las pruebas con gracias particulares… Lo que hemos experimentado es que estas gracias son dulcísimas y que Él vuelve suaves las pruebas que las acompañan. Finalmente he entendido la palabra del Señor: “Mi yugo es suave y mi carga ligera”.
contigo los años no tienen fin
El sábado 18 de febrero celebramos la Eucaristía y naturalmente llevamos con nosotros a Anna Michelle: fue una Eucaristía bellísima, toda exultación, en la que el evangelio del día narraba una curación de Cristo. Varias veces se nos ha recordado en estos días que teníamos un ángel entre nosotros, pero al recibir la comunión pensábamos que Anna Michelle tenía en ese momento más de lo que un ángel pudiese desear. ¡Los ángeles desean recibir la comunión y no pueden, mientras que Anna Michelle ha podido nutrirse de ella!
Aquella misma tarde nuestra pequeña estaba mucho más débil de lo normal y no conseguía ni abrir los ojos. María, en un diálogo entre madre e hija, le había susurrado: “Querida Anna, cuando quieras irte, hazlo. Nosotros nos hemos alegrado muchísimo de tenerte a nuestro lado en este tiempo”. Fue como si la hubiera escuchado en ese momento…
Eran casi las cuatro de la madrugada. María se despertó para suministrarle la leche a través de la sonda y notó que tenía una respiración muy irregular, con intervalos muy largos de apnea: poco a poco se estaba apagando. Empezamos a rezar el rosario a su lado y le di mi última bendición paterna. Así, terminado el rosario, hacia el final de las letanías marianas, después de haber recibido la Eucaristía pocas horas antes, Anna Michelle, con las últimas fuerzas que le quedaban, ha levantado su cabeza, ha abierto los ojos por última vez como para saludarnos y ha expirado. Ha sido un momento sorprendente…
¡Anna Michelle había esperado la aurora del domingo, momento en el cual Cristo ha resucitado, para parecerse al esposo, a cuyo encuentro iba, también en la hora de su resurrección! Al alba del primer día de la semana, a las 5:20 de la mañana del domingo ha subido al Padre entre mis brazos y los de María.
No hay mayor alegría para un padre y una madre que traer al mundo un hijo y saber que se le ha acompañado hacia la vida celestial, hacia la vida eterna. Tener la certeza que nuestra hija está ahora en el cielo nos proporciona el mayor consuelo que un padre pueda gozar en la vida.
Unas horas más tarde celebrábamos de nuevo la misma Eucaristía que habíamos celebrado la víspera en la asamblea de nuestra comunidad, pero esta vez solo con el cuerpo de Anna Michelle. Ella ahora la celebraba en la otra orilla. ¡Han sido tantos los memoriales en estos días! Dios ha sido muy generoso con nosotros, mucho, mucho.
Queremos dar gracias a Dios por la vida de Anna Michelle, por sus doce días entre nosotros, por lo que ella ha recibido y lo que nosotros hemos recibido a través de ella, por la cercanía y las oraciones de tantos hermanos y hermanas que, aun sin saberlo nosotros, nos han sostenido.

buenanueva34 Stefano-y-María-Lanzani
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