«En aquel tiempo, entre la admiración general por lo que hacia, Jesús dijo a sus discípulos: “Meteos bien esto en la cabeza: al Hijo del hombre lo van a entregar en manos de los hombres”. Pero ellos no entendían este lenguaje; les resultaba tan oscuro que no cogían el sentido. Y les daba miedo preguntarle sobre el asunto». (Lc 9, 43b-45)
El de hoy es un evangelio corto con un mensaje muy largo. Dos expresiones llaman la atención en el breve relato de San Lucas: “entre la admiración general por lo que hacía” y “meteos bien esto en la cabeza”.
Qué bonito y que fácil es seguir a Cristo cuando ante el mundo quedamos bien, cuando vamos a tono con el sentir general: defender la paz, oponernos a la guerra, promover la libertad, luchar por la pobreza de los países desfavorecidos, proteger a los niños desamparados y hasta proteger la naturaleza como los ecologistas. Cuando los cristianos destacamos en esto, el mundo nos aprueba e incluso admira.
Igual ocurrió con Jesús cuando curaba enfermos, resucitaba muertos, multiplicaba panes, hacía pescas milagrosas y hasta paraba tempestades: era admirado y las muchedumbres le seguían. Pero la fiesta duró poco, y cuando comenzó a decir y hacer cosas incómodas para los dirigentes judíos como criticar su hipocresía o corregir sus errores, o cuando comenzó a decir cosas que no se comprendían fácilmente e incluso eran escandalosas como “Yo soy el pan vivo bajado del cielo…” y no digamos cuando llegó a la osadía de considerarse Hijo de Dios, entonces comenzaron los problemas.
La admiración se transformó en ira y rechazo, y esa misma muchedumbre que le admiró, luego gritaba “crucifícalo, crucifícalo…”. Por eso Cristo, en pleno clima de admiración y frenesí les dice a sus apóstoles con meridiana claridad que no es ese el camino ni el fin de su venida. Les avisa lo que vendrá después, la cruda realidad que le tocará vivir y para ello emplea esta expresión tan humana de: “Meteos esto en la cabeza: al Hijo del hombre lo van a entregar en manos de los hombres”. Cristo avisa a sus discípulos y a nosotros también para que no seamos mentecatos. Que no nos dejemos impresionar por los ambientes de aprobación y euforia que el mundo muchas veces nos concede, porque este no es el camino natural de un cristiano ni es su destino. Que no busquemos el aplauso del mundo ni su complacencia. No estamos para servir a las ideologías de moda ni al pensamiento cómodo. Servimos a la Verdad y tarde o temprano, a unos más y otros menos: nos entregarán en manos de los hombres….
Al joven que es aceptado hoy en un grupo porque juega bien al fútbol, es guapo, gracioso o tiene una moto, mañana le darán de lado cuando diga que se va a Misa o defienda la doctrina de la Iglesia en plena clase o rechace fumar un porro con el grupo.
Y a los que somos más mayores ya no nos mirarán tan bien el día que en nuestro trabajo nos neguemos a derivar a una mujer al ginecólogo porque quiere interrumpir su embarazo, o cuando nos neguemos a acelerar la muerte de un anciano o a que nuestros hijos reciban la educación sexual de moda o a aceptar en las conversaciones de cada día que todo vale mientras no molestemos mucho al vecino.
Después de más de dos mil años, los seguidores de Jesús, como los primeros discípulos, seguimos muchas veces sin “entender su lenguaje” cuando nos extrañamos y sentimos incómodos ante el rechazo que reciben nuestras concepciones cristianas en el mundo que nos toca vivir. A los discípulos “les daba miedo preguntar sobre el asunto”. Lo entendieron todo más adelante cuando vieron a su Maestro en el Gólgota, el mismo que antes había causado admiración entre la muchedumbre por sus hechos y palabras.
La Iglesia lo ha comprendido y sufrido muy bien a lo largo de los siglos siguientes. Pero a nosotros en el caminar de nuestras vidas, aún nos cuesta entender que la única complacencia que tenemos que buscar es la del Padre del Cielo y que la admiración del mundo no es el fin de nuestra vida, sino muchas veces un fino indicador de su extravío.
Nuestro éxito en esta vida debe ser el trascendente. “Meteos bien esto en la cabeza…”.
Jerónimo Barrio

2 comentarios
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