• Publicaciones
  • Evangelio del dia
  • Noticias
    • España
    • Ciencia y fe
    • Ecclesia
    • Mundo
  • Publicaciones
  • Evangelio del dia
  • Noticias
    • España
    • Ciencia y fe
    • Ecclesia
    • Mundo
Home»Blogs»Evangelio»Primer signo de Jesús ante sus discípulos
Evangelio

Primer signo de Jesús ante sus discípulos

By BuenaNueva20 de enero de 2013Actualizado:20 de enero de 2013No hay comentarios5 Mins de lectura
Compartir
Facebook Twitter WhatsApp Email

«En aquel tiempo, había una boda en Caná de Galilea, y la madre de Jesús estaba allí. Jesús y sus discípulos estaban también invitados a la boda. Faltó el vino, y la madre de Jesús le dijo: “No les queda vino”. Jesús le contestó: “Mujer, déjame, todavía no ha llegado mi hora”. Su madre dijo a los sirvientes: “Haced lo que él diga”. Había allí colocadas seis tinajas de piedra, para las purificaciones de los judíos, de unos cien litros cada una. Jesús les dijo: “Llenad las tinajas de agua”. Y las llenaron hasta arriba. Entonces les mandó: “Sacad ahora y llevádselo al mayordomo”. Ellos se lo llevaron. El mayordomo probó el agua convertida en vino sin saber de dónde venía (los sirvientes sí lo sabían, pues habían sacado el agua), y entonces llamó al novio y le dijo: “Todo el mundo pone primero el vino bueno y cuando ya están bebidos, el peor; tú, en cambio, has guardado el vino bueno hasta ahora”. Así, en Caná de Galilea Jesús comenzó sus signos, manifestó su gloria, y creció la fe de sus discípulos en él». (Jn 2,1-11)


Celebramos hoy el segundo Domingo del Tiempo Ordinario. En este Tiempo Litúrgico no hay «Primer Domingo», pues el Domingo del Bautismo del Señor (domingo anterior a hoy) es el último día del Tiempo de Navidad y, a la vez, constituye el primer día de la primera semana del Tiempo Ordinario, sin pertenecer a él.

El evangelio que hoy proclama la Iglesia concluye el llamado ciclo de la Epifanía o Manifestación del Señor. Tres son los relatos evangélicos que nos hablan de tres manifestaciones de Jesús: la primera, ante los Magos de Oriente, signo de su manifestación ante todas las gentes (los pueblos gentiles); la segunda, ante Juan el Bautista y los judíos en las aguas del Jordán (el pueblo de Israel); la tercera, esta ante sus discípulos en la bodas de Caná (los «suyos»).

Estos tres relatos epifánicos constituyen un preanuncio de la Gran Manifestación de Jesús a toda la creación, su Resurrección de entre los muertos. Entonces es cuando verdaderamente manifiesta al mundo su gloria, la misma gloria que había recibido del Padre y que nosotros —como dirá el evangelista San Juan en muchas ocasiones— hemos contemplado.

La introducción de este fragmento del Evangelio, como casi siempre que aparece aislado de todo el texto, comienza con la tradicional fórmula «En aquel tiempo…». Sin embargo, esta perícopa realmente comienza diciendo: «Al tercer día, había una boda en Caná de Galilea…». Al tercer día ¿de qué? Pues por el relato previo, evidentemente, al tercer día de los hechos que el evangelista va narrando desde el Bautismo de Jesús en el Jordán.

En la primitiva Iglesia apostólica esa expresión «al tercer día» se había acuñado como un signo de la Resurrección. Los símbolos de fe más primitivos ya la usan: «Al tercer día resucitó de entré los muertos». Los evangelistas, como veladamente, también la usan con frecuencia a lo largo de sus relatos: «Al cabo de tres días lo encontraron en el Templo sentado en medio de los maestros…». (Lc 2,46).

Vemos, por tanto, que San Juan, desde el comienzo de su Evangelio, ya está haciendo referencia a la Resurrección del Señor, a la verdadera «hora» de Jesús y a la manifestación definitiva de su gloria. Jesús, al resucitar de entre los muertos, manifestó plenamente su gloria ante sus discípulos. «¿No era necesario —les dice a los discípulos de Emaús— que el Cristo padeciera eso para entrar así en su gloria?» (Lc 24, 26).

Este capítulo 2 del Cuarto Evangelio abre una sección llamada Libro de los Signos. En todo el Evangelio de San Juan no aparece, como en los Sinópticos, la palabra milagro, sino signo (semeion). «Este el primer signo que hizo Jesús ante sus discípulos y así manifestó su gloria y creció la fe de ellos en él». Todo lo que hace y dice Jesús a lo largo de su ministerio público es un signo, un signo de algo. Tiene un significado que va mucho más allá del hecho en sí mismo. Nos está proyectando hacia una realidad superior a la que estamos acostumbrados a vivir. Jesús dirige sus signos con hechos y palabras intrínsecamente unidos hacia otro tipo de vida. San Juan la llamará Vida Eterna.

Al final de este Cuarto Evangelio nos dirá el evangelista que «otros muchos signos realizó Jesús en presencia de sus discípulos que no están escritos en este libro. Estos han sido escritos para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y para que creyendo tengáis vida en su nombre» (Jn 21,30-31).

En esta primera intervención pública aparecen dos signos muy importantes: el agua y el vino. Los judíos entendían perfectamente el significado de estos dos elementos. El agua era signo de purificación, de penitencia. El vino, de fiesta y alegría, de vida. De hecho, el propio texto de hoy dice expresamente que había allí seis tinajas de piedra (signo de las tablas de Moisés, de la Ley) llenas de agua. Jesús convierte el agua en vino. Y vino buenísimo, excelente. Convierte nuestra agua en vino nuevo. Nuestra existencia aguada, insípida, en una vida plena de alegría y gozo. El Reino de Dios ha llegado. ¡Alegraos! Con su persona, Jesús ha traído el Reino de Dios a nosotros, nos ha introducido en él, como en una boda desbordante de alegría.

Es importante también observar que todo esto, la acción salvadora de Jesús entre los hombres, acontece a través de la poderosa intercesión de su madre. Es María, atentísima observadora de las carencias y necesidades de los hombres, quien le informa de que no tienen vino. Ante la aparente indiferencia de Jesús, ella nos dice (entonces, ahora y siempre): «Haced lo que él os diga».

Ojalá el Señor nos conceda ser dóciles a la invitación de María y obedientes a la palabra de Jesús.

Ángel Olías

Compartir. Facebook Twitter Email WhatsApp

Publicaciones relacionadas

«La cabeza de Juan el Bautista»

6 de febrero de 20263 Mins de lectura

Ni alforja, ni dinero suelto

5 de febrero de 20261 Min de lectura

“Nadie es profeta en su tierra”

4 de febrero de 20263 Mins de lectura
Dejar un comentario Cancelar respuesta

Últimos artículos

Entrevista a Juan Pablo y Andrea

15 de enero de 2019

Buenos propósitos digitales: ¡Estos son los secretos de la dieta 5:2!

7 de mayo de 2018

La muerte cristiana VII

13 de julio de 2015

Aborto, ni se ve ni se nota

13 de julio de 2015
Lo más comentado
  • To mt tài khon min phí en ¡Llamados a proclamar un año de gracia del Señor!
  • fire-fighting-tanks 424 en Estaurograma
  • MatthewWiz en Un 10 % de la población española fue atendida en centros sociales de la Iglesia
  • corneliaup10 en Entrevista a Luis y Ana, padres de un joven fallecido por cáncer
No te lo pierdas

Pentecostés. El Greco

By BuenaNueva18 de junio de 2012

Doménikos Theotokópoulos (1541 – 1614), el pintor cretense conocido como el Greco desarrolló la mayor…

La Eucaristía y María – “Un manjar más dulce que la miel”

30 de mayo de 2012

“Dios es luz y en Él no hay tinieblas”

1 de febrero de 2014

Donde el corazón te lleva, descansa y se reconforta. Santuario y Hospedería de Nuestra Sra. de Lord (Lérida)

2 de febrero de 2014

La Asociación Canónica Bendita María, editora de la la revista Buenanueva es una asociación sin ánimo de lucro. No esta vinculada a ningún grupo, ni movimiento de la Iglesia ni a ninguna otra institución, por lo tanto no tiene más ingresos que los derivados de las suscripciones personales y la aportaciones que graciosamente nos hacen. 

Todas las personas que colaboraran en ella lo hace gratuitamente con la única finalidad de anunciar el Evangelio y el Reino de Dios a través de este medio.

Boletín de noticias

Teclee arriba y presione Enter para buscar. Presione Esc para cancelar.