En aquel tiempo, los pastores fueron corriendo hacia Belén y encontraron a María y a José, y al niño acostado en el pesebre.
Al verlo, contaron lo que les habían dicho de aquel niño.
Todos los que lo oían se admiraban de lo que les habían dicho los pastores.
María, por su parte, conservaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón.
Y se volvieron los pastores dando gloria y alabanza a Dios por todo lo que habían oído y visto, conforme a lo que les habían dicho.
Cuando se cumplieron los ocho días para circuncidar al niño, le pusieron por nombre Jesús, como lo había llamado el ángel antes de su concepción (San Lucas 2, 16-21).
COMENTARIO
El primer día de cada año, celebramos solemnemente la fiesta de María, Madre de Dios (Theotokos); título que recibió oficialmente María en el concilio de Éfeso en el año 431, aunque hay múltiples pruebas de que esto ya estaba reconocido y celebrado en la primitiva Iglesia. Se puede ver en las catacumbas de Roma o entre los cristianos de Egipto del siglo III. María no solo es madre de Jesús en lo físico (bendito el fruto de tu vientre, decimos), sino Madre de Dios, porque en Jesús están las dos naturalezas, humana y divina. Y esto es lo más importante y magnífico de María y con lo que la Iglesia se hace fuerte frente a las herejías que negaban la divinidad de Jesús. Es la fiesta más importante y más antigua dedicada a la Virgen María, aunque esto no siempre es tenido muy en cuenta por multitud de cofradías ocupadas en festejos más secundarios y segmentados. Lo verdaderamente importante de María, fue su maternidad, no si apareció en un árbol, o en un pilar o en el mar, o si una imagen o figura suya apareciera en una cripta o entre escombros etc…, por muy milagroso que todo esto sea y muy dignas de respeto todas estas tradiciones, no llegan ni a acercarse a la importancia de lo que celebramos hoy aunque a muchos nos pase más desapercibido.
Los primeros que recibieron el anuncio de los ángeles, fueron los pastores. En ellos podemos ver a los marginados de la tierra, a los más humildes, ignorantes, incluso a los pecadores y a los alejados. Jesús hablaba de ellos de un modo muy especial: “…No he venido a llamar justos, sino a pecadores” (Mc 2, 17; Mt 9,12). Los pastores se convirtieron en mensajeros llevando a los demás el anuncio recibido. Este anuncio de alegría ha llegado también hoy hasta nosotros a través de generaciones de “mensajeros” que lo han trasmitido a través de sus propias vidas tras haberse encontrado con el amor de Dios. Y esto no solo se hace con palabras. Como decía San Francisco de Asís: “Predicad siempre el Evangelio y si es necesario, también con palabras”
“Cuando se cumplieron los ocho días para circuncidar al niño, le pusieron por nombre Jesús, como lo había llamado el ángel antes de su concepción”.
La circuncisión aparece solamente en un evangelio canónico, el de Lucas. Según el Génesis (Gn 17, 9-12), Dios ordenó a Abraham realizarla para incorporar a los varones a su pueblo como una señal de la Alianza entre Él y los descendientes de Abraham. Este acto incluía la ablación del prepucio, bendiciones y la imposición del nombre. José y María, como una familia judía más, cumplieron con esta práctica a los 8 días del nacimiento de Jesús, tal como prescribía la ley judía en la ceremonia llamada Brit Milá.
En el Concilio de Jerusalén alrededor del año 49, los apóstoles declararon la abolición de la necesidad de este antiguo rito. La circuncisión fue reemplazada por el bautismo como un símbolo de la Nueva Alianza en el contexto del cristianismo.
Tradicionalmente, al ser hoy el octavo día del nacimiento de Jesús, la Iglesia celebraba su circuncisión y con esto terminaba la octava de Navidad. Siendo el día 11 de octubre cuando se celebraba la solemnidad de María Madre de Dios en memoria del concilio de Éfeso. Esto fue así hasta 1969 con la reforma litúrgica. Desde entonces, se celebra hoy la solemnidad de María Madre de Dios, que coincide, además, con la Jornada Mundial de la Paz instaurada por Pablo VI un año antes.
María es madre de Dios porque es la madre de Jesús, y ante las palabras de los pastores, entiende que este Jesús no solo es hijo suyo y escucha y guarda en su corazón a quienes le van revelando por las distintas profecías, algo sobre la identidad y la misión de su hijo: primero los pastores y después los Magos, Simeón, Ana… “María, por su parte, conservaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón”.
Muchas cosas de nuestra vida debemos meditar en nuestro corazón, aunque en un principio no las podamos entender. Esto es la oración y por eso recurrimos a María para que nos ayude con su intercesión: “…Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte”

2 comentarios
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