Una vez que Jesús estaba orando solo, en presencia de sus discípulos, les preguntó: «¿Quién dice la gente que soy yo?»
Ellos contestaron: «Unos que Juan el Bautista, otros que Elías, otros dicen que ha resucitado uno de los antiguos profetas».
Él les preguntó: «Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?»
Pedro respondió: «El Mesías de Dios».
Él les prohibió terminantemente decírselo a nadie. porque decía: «El Hijo del hombre tiene que padecer mucho, ser desechado por los ancianos, sumos sacerdotes y escribas, ser ejecutado y resucitar al tercer día» (San Lucas 9, 18-22).
COMENTARIO
Jesús invita aquí a sus discípulos y de rebote a nosotros, a contestar una pregunta clave; ¿Quién dice la gente que soy yo?
Conocida su muerte injusta y cruel, condenado por el poder político y religioso, después de dos mil años de cristianismo extendido por todo el mundo, hoy vuelve a preguntarnos el evangelio quién es Jesús de Nazaret.
Hay respuestas que mantienen la admiración pública por el personaje histórico. Si nos introducimos en el mundo farragoso de internet encontramos opiniones de todo color: en los medios religiosos están presentes como nuestra revista, otros muchos donde se comentan los libros sagrados y se cree firmemente en Jesús como el hijo de Dios trinitario. Hay otros muchos portales donde se le ignora, ningunea, niega, e insulta, incluso hay sectores donde se le odia, y con él a sus seguidores, con un encono irrazonado e inútil. En un ambiente de TV frívolo y entontecido, apenas aparece; la gente de hoy solo muestra interés por el dinero, el disfrute con viajes y goces, y la comida que, acapara un inmenso espacio también en las redes. Un ansia desmedida de placer no deja a la persona vivir tranquila recorriendo una escogida senda segura, está inquieta y busca preso en la nostalgia de una vida anterior, un ayer de felicidad que hoy se le niega. Todos en mayor o menor grado sentimos esta inquietud: El paraíso perdido. El recuerdo de la felicidad y el sentimiento de culpa por el motivo de su expulsión
En algunos pensadores e intelectuales, agnósticos y ateos, se deja ver un rechazo, como vengativo, a un Dios que no soluciona nuestras enfermedades y problemas, se rebelan contra la simple idea de que alguien todopoderoso consienta el dolor del inocente y el mal en el mundo ¿Jesús era inocente e hijo de Dios?
A través de la historia vemos, como ahora mismo en algunos países, que el pueblo pone su confianza en seres autócratas, brutales y crueles que imponen el poder para sus fines con injustas guerras y causan continuas víctimas inocentes. La obsesión de encontrar al héroe super hombre, líder, fuerte, sabio que nos guíe, ha hecho al hombre equivocarse una y otra vez… Ningún humano puede salvar al mundo.
Algunos judíos del siglo primero vieron a Cristo como ese necesario profeta, pero esperaban una figura política y militar que les liberase del humillante sometimiento a Roma. Pedro sí acierta. inspirado por el Espíritu Santo. Pero Jesús insiste con una segunda pregunta personal: Y vosotros ¿quién creéis que soy yo?
Ahora es preciso renovar esa respuesta individual de cada uno de nosotros, según la vivencia interna de Jesús en lo profundo de nuestros pensamientos y en nuestro corazón.
Para mi Jesús es el salvador del género humano en todas sus dimensiones, que en lo íntimo de cada ser habita, sostiene y alumbra con su llama de Amor viva. Él late en quien se le abandona y genera el impulso a lo justo, bueno, tierno, heroico y santo.
