En aquel tiempo, solían acercarse a Jesús todos los publicanos y los pecadores a escucharlo. Y los fariseos y los escribas murmuraban diciendo: «Ese acoge a los pecadores y come con ellos».
Jesús les dijo esta parábola: «¿Quién de vosotros que tiene cien ovejas y pierde una de ellas, no deja las noventa y nueve en el desierto y va tras la descarriada, hasta que la encuentra? Y, cuando la encuentra, se la carga sobre los hombros, muy contento; y, al llegar a casa, reúne a los amigos y a los vecinos, y les dice:
“¡Alegraos conmigo!, he encontrado la oveja que se me había perdido”.
Os digo que así también habrá más alegría en el cielo por un solo pecador que se convierta que por noventa y nueve justos que no necesitan convertirse.
O ¿qué mujer que tiene diez monedas, si se le pierde una, no enciende una lámpara y barre la casa y busca con cuidado, hasta que la encuentra? Y, cuando la encuentra, reúne a las amigas y a las vecinas y les dice:
“¡Alegraos conmigo!, he encontrado la moneda que se me había perdido”.
Os digo que la misma alegría tendrán los ángeles de Dios por un solo pecador que se convierta» (San Lucas 15, 1-10).
COMENTARIO
Buenos días hermanos en Cristo, En el Evangelio de hoy podemos ver lo siguiente: Los publicanos y pecadores, los ¨malos¨ de la época, siguen de forma voluntaria a Jesús para escuchar sus palabras. Sin duda, se sentirían denunciados por su doctrina, pero quieren escuchar.
Ante esto, los escribas y fariseos, los «buenos» de la época, reaccionan murmurando en contra de Jesús. Les parece muy mal que acoja a los pecadores.
Como Jesús se da cuenta de ello, responde con dos parábolas.
La primera es la de la oveja perdida.
Cuando el Señor ve que ha perdido una oveja, deja todo y busca hasta encontrarla.
La conclusión es que hay más alegría en el cielo por un pecador que se convierte que por noventa y nueve justos que no necesitan convertirse.
Lo de los noventa y nueve justos me sorprende. Nunca he conocido a nadie que no necesite convertirse.
La segunda parábola es la de la moneda perdida. La protagonista de la parábola deja todo hasta que encuentra la moneda que ha perdido.
El Señor nos ama tal como somos, pero desea nuestra conversión. Cuando nos apartamos de Él lo deja todo y nos busca hasta encontrarnos, respetando siempre nuestra libertad.
Las dos parábolas demuestran el amor que Jesús nos tiene.
Una vez más, os invito a meditar las enseñanzas de este Evangelio.
Unidos en la oración.
