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BuenaNueva 27

La nueva intolerancia que se impone

By BuenaNueva4 de junio de 2012Actualizado:4 de noviembre de 2012No hay comentarios8 Mins de lectura
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Hace años que en España y en toda Europa se está pasando del intento de imponer lo “políticamente correcto” definido por una seudoprogresía que agresivamente decide qué es lo moderno y qué no, qué lo democrático y qué no, a la imposición legislativa de la ideología que subyace al laicismo de género como obligatoria en el derecho de familia, en el sistema educativo y, ¡último paso!, a la sanción y persecución de los discrepantes de la nueva ideología.

Este último paso se da negando la objeción de conciencia frente al aborto, imponiendo la sedación eutanásica como derecho del paciente, introduciendo ideología en la escuela a través de materias como EpC o una educación sexual ideológicamente sesgada y persiguiendo la libertad de pensamiento y de religión con un laicismo agresivo y al amparo de una presunta lucha a favor de la igualdad y contra la discriminación por razón de “orientación afectivo-sexual.

otra vuelta de tuerca: el homosexualismo político

La anunciada en España nueva ley sobre igualdad de trato supone una nueva amenaza a la libertad pues, bajo la aparente bondad de su título, pretende imponer en la vida pública y privada los criterios gubernamentales en temas tan delicados como la valoración de las distintas conductas sexuales. Esta nueva vuelta de tuerca para la introducción de la ideología de género en España nos invita a reflexionar sobre el intento cada vez más presente en nuestra sociedad de imponer coactivamente en la vida social y, especialmente en la escuela, la visión de la sexualidad de la ideología de género y de lo que en otras tierras se llama “homosexualismo político”.

La homosexualidad es un hecho presente en la vida personal de algunas personas, susceptible de distintas opiniones por parte de las ciencias humanas y médicas; la conducta homosexual es un comportamiento propio de la libertad humana, susceptible de juicios morales y antropológicos como todo lo que el ser humano hace libremente. El homosexualismo político es cosa distinta: es un ideología política que convierte en agenda pública las exigencias de la ideología de género, es decir, una visión de la sexualidad en que no hay más criterio que el placer y el deseo personal, en la que el sexo es algo puramente genital, externo e intrascendente, donde el único mal posible es el embarazo; una visión de la sexualidad donde en consecuencia homosexualidad, heterosexualidad, transexualidad, masturbación, sobeos y magreos, se presentan como opciones igualmente valiosas que conviene experimentar para ir eligiendo en cada momento las más apetecibles.

Para el homosexualismo político lo malo, lo rechazable, lo que debe ser erradicado, es el pensamiento de que la sexualidad tiene algo que ver con la naturaleza humana y su dignidad, que en este campo hay cosas que nos hacen mejores y otras que nos envilecen, que la sexualidad tiene algo que ver con la complementariedad hombre-mujer y con la reproducción, que la maternidad es algo bueno y la vida digna de respeto. El homosexualismo político es una ideología política tributaria de una antropología, de una visión de la realidad (sexual) como lo fueron las ideologías totalitarias del siglo XX y tan peligrosa para las libertades como lo fueron éstas.

el “todo vale” sexual desde el parvulario

En la escuela está siendo especialmente patente el esfuerzo por imponer la ideología de género y la agenda del homosexualismo político. Alegando que existen niños y adolescentes que pueden sentirse discriminados por su tendencia homo o transexual, pretenden algunos imponer obligatoriamente que en la escuela se enseñe como evidente la llamada “diversidad afectivo sexual” y que esa diversidad debe ser vista como normal y éticamente positiva.

Dicho de otra manera, la propuesta consiste en que a los niños desde primaria se les enseñe que en materia de sexualidad todo es igual de valioso y que cualquier práctica u “orientación sexual” es digna de aprecio y valoración positiva; que en este campo no existe más criterio que lo que cada uno desee. Se pretende así imponer una normalización social de la homosexualidad y la transexualidad desde la escuela como si tal visión de las cosas fuese la única legítima y admisible. Y además al servicio de este intento de reingeniería social, el “homosexualismo político” pretende involucrar al Estado y al sistema educativo en claro desprecio a la libertad y el pluralismo.

Este planteamiento ideológico tiene una clara matriz totalitaria pues pretende obviar el dato de hecho de que respecto a la sexualidad (y, por tanto, también respecto a la conducta homosexual) existen visiones u opiniones distintas en nuestra sociedad y que esa pluralidad de visiones cuenta con el amparo de la libertad ideológica y religiosa constitucionalmente garantizada. En una sociedad libre nadie puede imponer a los demás su visión de la sexualidad, ni de las conductas homosexuales en particular, ni pretender que el Estado  ponga al servicio de esa imposición la escuela de todos.

al rescate de una libertad moribunda

Es hora de que en Europa y en España particularmente se denuncie esta tentación totalitaria por la que se está deslizando nuestra democracia al ceder tantas instancias –incluyendo, y esto es especialmente preocupante, los más altos tribunales de justicia- ante las pretensiones de la ideología de género y el “homosexualismo político” de acabar con la libertad de pensamiento en materia de sexualidad. Frente a ello , reivindico y exijo el respeto democrático a:

–       la libertad  de opinión en todo lo que tiene que ver con la concepción del matrimonio, la sexualidad (y la conducta homosexual) o la moral sexual.

–       la libertad de los centros escolares para definir proyectos pedagógicos plurales y diversos y  la libertad de los padres para optar entre tales proyectos.

–       el veto al adoctrinamiento en la escuela pública en una única visión de la sexualidad aduciendo razones infundadas de salud pública.

–       el rechazo a las propuestas para restringir la libertad de pensamiento sobre la conducta homosexual como si de atentados a una presunta «igualdad de género» se tratara.

–       la denuncia de los intentos de imponer los prejuicios del  “homosexualismo político” como obligatorios, encubriendo -como exigencias de la lucha por la igualdad y contra la «discriminación por razón de orientación afectivo-sexual»-  las imposiciones ideológicas del lobby gay y sus pretensiones de presencia en todos los ámbitos de la vida social, educativa y empresarial.

a más coacción más reivindicación

En la sociedad española está brotando una agresiva intolerancia hacia la libertad en materia de ideas sobre la sexualidad (y, en particular, sobre la conducta homosexual) de la que conviene defenderse para preservar la libertad de pensamiento y el pluralismo. Y la mejor defensa frente a los ataques a la libertad es ejercerla denunciando tales ataques y reivindicando la libertad de pensamiento y el respeto al pluralismo.

Es significativo que el mismo Gobierno que quiere imponer desde el Estado la visibilidad obligatoria en la escuela y la empresa de lo gay, se empeñe con igual pasión en excluir la visibilidad educativa y social -¡no impuesta, sino espontánea!-  de lo cristiano. Quizá esta palmaria contradicción ayude a desvelar el trasfondo ideológico de las posturas gubernamentales que no es otro que el seudoprogresismo laicista de género que supone el mayor riesgo para las libertades en la Europa actual como lo fueron las ideologías totalitarias en el siglo pasado.

Para hacer frente a esta agresividad ideológica que, en el fondo, pretende sustituir la antropología cristiana que subyace a la cultura occidental por la nueva antropología de género es imprescindible que no perdamos la batalla de la educación afectivo sexual. Y la primera condición para no perder una batalla es darla. Las batallas que no se dan se pierden seguro. Por ello es imprescindible que quienes anclamos nuestra visión de la persona y la sexualidad en el humanismo cristiano nos hagamos presentes en el debate cultural, educativo y político actual sobre la sexualidad reivindicando y ejerciendo nuestro derecho y obligación de defender, enseñar y propagar nuestra visión de la sexualidad como algo maravilloso e importante, algo con lo que no se debe jugar precisamente por lo importante que es para la persona; nuestro derecho de formar a nuestros hijos en una visión responsable de la sexualidad cuyo ejercicio activo debe reservarse para el momento vital en que se está en condiciones de asumir, responsablemente y en el contexto matrimonial idóneo, sus benditas consecuencias positivas: la paternidad y maternidad.

No podemos admitir la coacción que supone la pretensión de que solo hay una visión de la sexualidad admisible en las sociedades pluralistas, la visión de la ideología de género que –nos dicen-, por permitirlo todo como igualmente valioso, debiera ser la única legal. Debemos reivindicar nuestra libertad para defender nuestra visión de la sexualidad y de educar a nuestros hijos en ella y nuestro derecho a que en la escuela no se transmita a nuestros hijos la perspectiva de género.

Y por lo mismo, debemos reivindicar nuestro derecho a que no se nos imponga la visión de la conducta homosexual como normal. Tenemos derecho a pensar que la conducta homosexual no es aconsejable y a defender que la relación hombre-mujer en el seno del compromiso matrimonial y abierta a la vida es el óptimo ético y antropológico que merece la pena plantearse como objetivo vital y el ideal en que se debe educar a las nuevas generaciones.

Es decir, debemos rechazar la nueva intolerancia con energía, clarividencia y contundencia pues es mucho lo que nos jugamos.

Benigno-Blanco buenanueva27
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