En aquel tiempo, le presentaron unos niños a Jesús para que les impusiera las manos y orase, pero los discípulos los regañaban. Jesús dijo: «Dejadlos, no impidáis a los niños acercarse a mí; de los que son como ellos es el reino de los cielos». Les impuso las manos y se marchó de allí. (Mt 19, 13-15)
El gesto de la imposición de manos en la Biblia es máxima bendición, por él se transmite la fuerza del Espíritu Santo. Jesús al imponer sus manos sobre las cabezas de los más pequeños los eleva a la dignidad máxima, y además proclama: “De los que son como ellos es el Reino de los cielos”.
Los discípulos de Jesús intentaban apartar a los niños del Maestro, pero Él los persuadía para que los dejaran acercarse. Como en tantas otras escenas, el Evangelio es paradójico. La sociedad dominante no siempre considera la dignidad de los niños, por el contrario, en algunos países son un problema grave “los niños de la calle”; y aún más terrible los “niños de la guerra”.
La explotación de la infancia, y la orfandad en la que viven muchos niños debiera ser siempre una urgencia para las administraciones públicas. Ante el texto evangélico quedan también interpeladas las familias.
Hoy es un síndrome colectivo los hijos de padres separados, que no podemos imaginar aún la repercusión social que supondrá en el futuro el crecimiento de unos pequeños sin la estabilidad familiar.
Pero el mensaje es para todos. Para quienes somos adultos y tenemos la cabeza y el corazón excesivamente preocupado, y nos falta la alegría, la espontaneidad, y la sencillez de los niños.
La sociedad necesita a los niños, gracias a ellos surge la ternura aún en los más endurecidos. Cuentan las memorias de Lucía, la vidente de Fátima, que en el mes de agosto fueron llevados a las autoridades civiles y secuestrados el día 13, para impedir la aparición de la Virgen, y que estando apresados con otros delincuentes, al ver estos llorar a Jacinta, se pusieron a cantar y a bailar para entretener a los pastorcitos. Y precisamente, fue el 19 de agosto el día que hace 100 años se les apareció Nuestra Señora a los tres pastorcitos en los Valinhos.
Con la canonización de Francisco y Jacinta se nos propone el ejemplo de santidad de los niños, que fueron capaces de sufrir y resistir todo el acoso por fidelidad a la Virgen, para consolar a Jesús, y por la conversión de los pecadores.

5 comentarios
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