“Al ver Jesús el gentío, subió a la montaña, se sentó, y se acercaron sus discípulos; y él se puso a hablar, enseñándoles: Bienaventurados los pobres en el espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos. Bienaventurados los sufridos, porque ellos heredarán la tierra. Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados. Bienaventurados los que tienen hambre y sed de la justicia, porque ellos quedarán saciados. Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán la misericordia. Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios. Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque ellos se llamarán los hijos de Dios. Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos. Bienaventurados vosotros cuando os insulten y os persigan y os calumnien de cualquier modo por mi causa. Estad alegres y contentos, porque vuestra recompensa será grande en el cielo, que de la misma manera persiguieron a los profetas anteriores a vosotros”. Mateo 5, 1-12
Viendo Jesús el gentío, no organizó un partido político para ocupar el poder y el reino de este mundo; tampoco fomentó el odio y la revolución, para luchar contra la opresión de Roma; ni creó una academia de filosofía para sabios e inteligentes. Es el mismo Hijo Único de Dios el que viéndonos como ovejas sin pastor nos ha hablado al corazón.
El mismo Dios todopoderoso, el creador del universo se nos ha manifestado en Jesucristo, y se nos ha dado a conocer a nosotros, por la gracia del Espíritu Santo. Él es el Camino, la Verdad y la Vida, y sólo en Él está la bienaventuranza.
No se trata de bonitas palabras, ni de un ideal, ni de una utopía. Él conoce nuestra debilidad, pero como decía el Beato Newman, la gracia vence la naturaleza, y esta es la historia de los santos. Dudarlo, es negar a Dios. Nosotros no somos nada, pero su gracia lo puede todo.
No se trata de un camino para superhombres. Es el único Camino, para todos, también para nosotros débiles y pobres hombres: porque llega más lejos el que cojea en el camino que el que corre fuera del camino. Como decía San Agustín, el que corre fuera del camino, corre hacia su perdición.
Es la única verdad, sólo en Él está la felicidad del banquete del Reino en la Casa del Padre. Por eso nosotros, pobres hombres, sólo podemos desear querer hacer su voluntad. Seguirle si Él nos llama. Porque sólo en Él está la vida. Y esto se lo ha revelado el Padre a los pobres y perseguidos.
Bienaventurado aquél al que el Señor le conceda esta humildad, y este abandonarse a su voluntad. Bienaventurado seas.

1 comentario
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