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Evangelio

JUICIO DE VIDA O MUERTE

By Manuel Requena7 de marzo de 2022Actualizado:7 de abril de 20222 comentarios6 Mins de lectura
Reflexion, evangelio, hoy
Comentario al evangelio de hoy. Lunes
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Dijo Jesús a sus discípulos: «Cuando venga en su gloria el Hijo del hombre, y todos los ángeles con él, se sentará en el trono de su gloria y serán reunidas ante él todas las naciones. Él separará a unos de otros, como un pastor separa las ovejas de las cabras. Y pondrá las ovejas a su derecha y las cabras a su izquierda. Entonces dirá el rey a los de su derecha: “Venid vosotros, benditos de mi Padre; heredad el reino preparado para vosotros desde la creación del mundo. Porque tuve hambre y me disteis de comer, tuve sed y me disteis de beber, fui forastero y me hospedasteis, estuve desnudo y me vestisteis, enfermo y me visitasteis, en la cárcel y vinisteis a verme”.  Entonces los justos le contestarán: “Señor, ¿cuándo te vimos con hambre y te alimentamos, o con sed y te dimos de      beber?; ¿cuándo te vimos forastero y te hospedamos, o desnudo y te vestimos?; ¿cuándo te vimos enfermo o en la cárcel y fuimos a verte?”. Y el rey les dirá: “En verdad os digo que cada vez que lo hicisteis con uno de estos, mis hermanos más pequeños, conmigo lo hicisteis”. Entonces dirá a los de su izquierda: “Apartaos de mí, malditos, id al fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles. Porque tuve hambre y no me disteis de comer, tuve sed y no me disteis de beber, fui forastero y no me hospedasteis, estuve desnudo y no me vestisteis, enfermo y en la cárcel y no me visitasteis”. Entonces también éstos contestarán: “Señor, ¿cuándo te vimos con hambre o con sed, o forastero o desnudo, o enfermo o en la cárcel, y no te asistimos?”. Él les replicará: “En verdad os digo: lo que no hicisteis con uno de estos, los más pequeños, tampoco lo hicisteis conmigo”. Y estos irán al castigo eterno y los justos a la vida eterna» (San Mateo 25, 31-46).

COMENTARIO

La meta de la Esperanza cristiana. Jesús vendrá en gloria, habrá juicio final con las naciones reunidas, y por fin unidas ante Él, para separarlas de nuevo, con su premio de vida eterna, o castigo eterno. Todas las gentes, creyentes o no, buenos y malos, grandes y pequeños, ricos y pobres estarán en aquella antesala del cielo que viene.

Mateo subraya la esencia del juicio repitiéndola hasta 4 veces en el mismo párrafo, para sublimar lo que nos hará Benditos del Padre: “Cuando tuve hambre, me disteis de comer, tuve sed y me disteis de beber, fui forastero y me hospedasteis, estuve desnudo y me vestisteis, enfermo y me visitasteis, en la cárcel y vinisteis a verme”. Lo repiten las derechas e izquierdas. Pero ¡qué diferente la concepción de Jesús a la actual política! Allí no serán agrupados por su casta y apariencia, ni siquiera por su fe, sino por conductas personales con el prójimo, con el cercano que sufre. Nuestros actos de misericordia y nuestra forma de usar aquí la compasión regalada harán visible el amor de Dios entre los hombres, definiendo la estatura y el lugar personal en el Reino.

Hay unos protagonistas en la escena, que cuando empieza el juicio, ya están situados junto al trono de gloria, como los ángeles, y son piedra de toque para juzgar a todos. Son “los más pequeños”, los sufridores. ‘Hermanos pequeños de Jesús’ y sacramento suyo, tienen el gran regalo de los bienaventurados pobres, soportadores de todos los dolores, siempre con hambre de pan y de justicia, sedientos de compañía y comprensión. No serán juzgados, porque el mismo sufrimiento manso fue su juicio. Son ya benditos del Padre y referencia de todo comportamiento, para llegar a escuchar aquel día: “¡Venid vosotros, benditos de mi Padre; heredad el reino! preparado para vosotros desde la creación del mundo”. Es el sentido de la vida sobre la tierra: alcanzar un corazón donde solo existe amor y compasión por los pequeños despojados, que padecen. Ellos son el campo de trabajo para conquistar un lugar en el cielo. ¡No están muy lejos! Son próximos, cercanos, si hacemos nuestra vida inclusiva, como dicen, amando hasta a los pobres ricos, en peligro serio del fuego eterno, para que se conviertan.

¿Por qué Señor, nos has dejado ser buenos y malos, pobres y ricos, si con solo tu Palabra podríamos ser todos ricos, buenos e iguales como al principio nos hiciste? Semejantes a ti, ricos y buenos, cuando no existía la escala del dinero, que inventó el diablo, también creatura tuya. La solución al rompecabezas del mal en el mundo, quizá sea verlo como un campo de entrenamiento y ejercicio para el amor. Ser y amar como Dios, requiere hacernos libres como Él, capaces de elegir derecha o izquierda, atrás o adelante. No somos máquinas, como quieren algunos que se atreven a corregir a Dios.

Pero ¿Y los pobres, los enfermos etc. que siendo la balanza del juicio, no pueden elegir? Simplemente porque ¡son los elegidos! Por eso en el juicio tienen ya lugar especial, junto al rey. Visto así, hasta sus carencias son regalo y vocación de Dios para que nuestra humanidad sea justa, como Él.

Cuando nos sentimos pobres, enfermos, inútiles, solos, etc. ¿pensamos que somos un regalo de Dios al hombre, como es la cruz? ¿Acariciamos nuestra situación mermada, como un sacramento suyo de cariño, para evitarnos el pecado y el juicio, siendo además una escalera al cielo para los demás?

No se nos juzgará sólo por el ‘conocimiento’ de Dios, ni siquiera por la fe, sino por el trato que hemos dado a los hermanos hombres, aún sin saber que somos todos hijos del mismo Padre. Llevad a la práctica la palabra y no os limitéis a escucharla, engañándoos a vosotros mismos. (St.1, 22). Lo que definirá en el Juicio final nuestro lugar, serán las obras de gracia, filantrópicas a veces, pero que ayudan a otros hombres a vivir en paz, incluso con distinta fe, o ninguna.

El misterio del juicio final, hasta escuchar el: “¡Venid benditos de mi Padre!”, es lo más estimulante para la Esperanza que el hombre puede descubrir ya desde aquí. Pero descubrirlo no es entrar, porque como la fe, necesita obras coherentes para no secarse. Hay quien, sin fe, entra solo con su inmediatez de amar y servir a los hombres hermanos necesitados. Después ante el Juez, descubrirán que esa era la puerta.

Lo mejor será creer, amar y esperar actuando, con la alegría, no carnavalera, de la Verdad del juicio final que nos llega pronto, para hacer visible el Reino, ahora escondido en los hombres de buen corazón.

¡Qué gran programa para la Cuaresma propone el Evangelio!

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