No todo el que me diga: “Señor, Señor, entrará en el Reino de los Cielos, sino el que haga la voluntad de mi Padre celestial. Así pues, todo el que oiga estas palabras mías y las ponga en práctica, será como el hombre prudente que edificó su casa sobre roca: cayó la lluvia, vinieron los torrentes, soplaron los vientos, y embistieron contra aquella casa; pero ella no cayó, porque estaba cimentada sobre roca. Y todo el que oiga estas palabras mías y no las ponga en práctica, será como el hombre insensato que edificó su casa sobre arena: cayó la lluvia, vinieron los torrentes, soplaron los vientos, irrumpieron contra aquella casa y cayó, y fue grande su ruina» (San Mateo 7, 21-24.27).
COMENTARIO
Que difícil es ser prudente sin tu ayuda Señor, por que tantas veces, como mis pensamientos se alejan de los tuyos, lo que sale de mi son impulsos de soberbia y engreimiento creyéndome autosuficiente para conducir sin tu ayuda mis pasos. Yo he oído tu Palabra, es mas aún, la he escuchado con los oídos de mi corazón que tu a través de tu Iglesia has ido abriéndome a lo largo de los años. Ese maravilloso “Sermón del Monte”, testamento vivo del camino de la felicidad auténtica para todo hombre, resuena siempre en mi interior con el deseo de poner en práctica esas palabras que me muestran con claridad lo que es el amor; la plenitud del amor. Durante toda tu exhortación a quienes te escucharon hace dos mil años les ibas diciendo. “Habéis oído que se dijo…pues yo os digo”. Porque tú eres el único que ha cumplido las diez palabras de vida que recibieron nuestros padres en el Sinaí, ese decálogo estupendo que marca el camino de la felicidad. Tú nos has amado entregándote a ti mismo como pago de todas las veces que hemos faltado a cada uno de tus mandamientos. Tu nos has amado sometiéndote hasta la muerte y una muerte de cruz… “…habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo.” Jn 13,1. Ese extremo inalcanzable que manifestabas a los que te siguieron a los pies del monte de las bienaventuranzas donde les decías: “Pues yo os digo: Amad a vuestros enemigos y rogad por los que os persigan, para que seáis hijos de vuestro Padre celestial, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y llover sobre justos e injustos. Mt 5, 44-45. Esta utopía es posible única y exclusivamente con la ayuda de tu mismo espíritu. Es Espíritu Santo que depositaste en tu Iglesia y que tiene en sí mismo todos tus dones, entre los que se incluye sin duda la prudencia. Esa Prudencia con mayúsculas que necesito para no soltarme de tu mano en mis actos y en mis decisiones Señor. Para estar atento a poner mis pies sobre las huellas firmes y luminosas que me muestras cada dia para que no me distraiga en el camino y me pierda por sendas de sufrimientos, tristezas, angustias y en definitiva oscuridad.
Tú eres la luz que quiero y deseo seguir Señor, ten misericordia de mi y se siempre tu mi roca en la que apoye mis proyectos y mis afanes de cada dia sabiendo que como nos decía el santo Pablo de Tarso: “ en todas las cosas interviene Dios para bien de los que le aman…” Rm 8, 28 y yo sé que tu como padre bueno estas pendiente de todas tus creaturas y especialmente de los que te hemos conocido y hemos dicho si a tu llamada de seguir las huellas de tu Hijo para encontrarnos un dia, no muy lejano, contigo en la plenitud de los tiempos.
¡Buen dia con el Señor!
