Habéis oído que se dijo: “Amarás a tu prójimo y odiarás a tu enemigo. Pues yo os digo: Amad a vuestros enemigos y rogad por los que os persigan, para que seáis hijos de vuestro Padre celestial, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y llover sobre justos e injustos. Porque si amáis a los que os aman, ¿qué recompensa vais a tener? ¿No hacen eso mismo también los publicanos? Y si no saludáis más que a vuestros hermanos, ¿qué hacéis de particular? ¿No hacen eso mismo también los gentiles? Vosotros, pues, sed perfectos como es perfecto vuestro Padre celestial (San Mateo 5, 43-48).
COMENTARIO
Escuchar cualquiera de las partes de este sermón maravilloso que pronunciaste hace casi dos mil años siempre me pone ante mi incapacidad de llevar adelante tus palabras y al mismo tiempo en la confianza de que con tu ayuda siempre podré hacer tu voluntad, lo que tu me pidas. ¿Amar a mis enemigos? En primer lugar, tengo que descubrir quienes son mis enemigos. Algunos son fáciles de identificar, pero hay otros más ocultos que tu Señor me tienes que ayudar a descubrir. En definitiva, yo se que mis enemigos son todas aquellas personas que me quieran apartar de hacer tu voluntad. Enemigos que, con sus actitudes, con sus gestos, con sus palabras me hieren y me hacen daño. Un daño que me lleva al rechazo a huir para no sufrir y ahí es donde te necesito, como siempre, a ti Señor para que seas tú el que lleve ese sufrimiento, ese rechazo y soportes tu dentro de mi esas heridas devolviendo bien por mal, aceptando cargar con el pecado del otro, de la misma manera que cargas siempre con mis pecados y maldades.
Sin ti no puedo amar Señor, si tu no iluminas mis tinieblas y tu luz no me da discernimiento no podre aceptar, querer y perdonar y en definitiva Amar con mayúsculas. Sólo contigo eso es posible. La perfección que yo busco es la antítesis de lo que tu quieres de mi, por eso descubro más cada día la necesidad que tengo de hablar contigo a cada momento y no separarme de tu Iglesia donde pueda alimentarme de tu Palabra donde pueda recibir la ayuda de los sacramentos y caminar al lado de quienes has puesto en mi camino como ayuda para mi conversión diaria y donde pueda compartir y disfrutar de todas las cosas estupendas con las que cada día nos provees. Sólo tu eres bueno Señor y yo que tantas veces soy tu enemigo quiero hoy ser tu amigo para que vayas conmigo y pueda hacer en este hoy tu voluntad.
¡Buen día con el Señor!
