En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «No creáis que he venido a abolir la Ley y los Profetas: no he venido a abolir, sino a dar plenitud.
En verdad os digo que antes pasarán el cielo y la tierra que deje de cumplirse hasta la última letra o tilde de la ley.
El que se salte uno solo de los preceptos menos importantes y se lo enseñe así a los hombres será el menos importante en el reino de los cielos.
Pero quien los cumpla y enseñe será grande en el reino de los cielos» (San Mateo 5, 17-19).
COMENTARIO
Jesús aclara a sus discípulos interpretaciones erróneas sobre su mensaje. No ha venido con algo diferente a lo que la Ley y los profetas hablaban sobre el plan de Dios para los hombres. Jesús no trae un mensaje distinto del de Moises, Abraham, Isaias o cualquier profeta. Jesús únicamente lleva a plenitud ese mensaje de Dios a los hombres, lo aclara y lo perfecciona En Jesús tenemos el plan de Dios hecho perfección, el mensaje completo y contundente del Padre para todo hombre que quiera dar a su vida una trascendencia y espere el Reino de los Cielos como destino final de su existencia. Además de aclarar que no hay cosas diferentes y nuevas con respecto al plan de Salvación para los hombres, Jesús habla de una escala o graduación de premio, en función del cumplimiento de la Ley. No solo nos quita la idea de falsas novedades y más baratas para obtener la salvación, sino que nos recuerda que el Reino de los Cielos hay que trabajarlo con el esfuerzo cotidiano por hacer lo pequeño algo grande y de esta forma testimoniar ante los hombres nuestra forma de actuar. Lo pequeño, lo que parece ser un simple detalle, como no comer carne un viernes de cuaresma, por ejemplo, puede demostrar nuestro real grado de compromiso con las cosas de Dios, con la vivencia de ese Reino de los cielos al que aspiramos. Al final, lo trascendente, lo de Dios, tiene que tener una materialización y como en todo lo humano, una graduación, un relativo grado de compromiso que será tan diferente como almas humanas existan.
Deberíamos aprender de este Evangelio que Jesús es la plenitud del mensaje de Salvación y que no es algo diferente a lo que el Antiguo Testamento llevaba revelando a los hombres hasta su llegada. Es el cumplimiento de sus promesas y la encarnación del amor de Dios a los hombres en la persona de su Hijo. Con Jesús no tenemos que recurrir a interpretar a los profetas ni a revisar La ley de Moises. Jesús, el Cristo de Dios, es toda la Ley y los profetas, el seguimiento de Jesús es la vía simple y segura para llegar al Reino de los Cielos. Y también conviene saber que en ese camino hacia el Cielo en el seguimiento de Jesús podemos ser flojos y perezosos con los detalles, o bien esforzados y valientes en su seguimiento. Es el profundo amor a Dios el que determinará nuestro compromiso con los pequeños detalles de la moral y esos al final decidirán, en justicia, lo que hemos amado y el premio que merecerán nuestros esfuerzos y nuestra fe, pero no aquí, sino en el Reino de los Cielos.

3 comentarios
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