En aquel tiempo, los discípulos de Juan se acercan a Jesús, preguntándole:” ¿Por qué nosotros y los fariseos ayunamos a menudo y, en cambio, tus discípulos no ayunan?”
Jesús les dijo: «¿Es que pueden guardar luto los amigos del esposo, mientras el esposo está con ellos? Llegarán días en que les arrebatarán al esposo, y entonces ayunarán» (San Mateo 9, 14-15).
COMENTARIO
Esta vez no se trata de una pregunta maliciosa de los fariseos, son los discípulos de Juan, que cumplían estrictamente con lo prescrito en la ley, los que parecen escandalizarse de la libertad que Jesús concede a sus discípulos, y se extrañan de ello.
Jesús viene a instalar en los creyentes la importancia de la conversión del corazón frente a la tradicional obediencia a normas y ritos, sin que lleve consigo un cambio sincero en la vida del creyente. Explica y enseña a sus apóstoles el cambio que su venida va a dar a la vieja ley, esta enseñanza lleva su tiempo y tiene sus caminos; él no dice que los suyos no vayan a ayunar, sino que no es este el momento, cuando están aún aprendiendo con el novio, su maestro, una nueva forma de actuar menos rigorista y externa, que debe nacer espontánea en el corazón que ama a Dios y al prójimo. Y no es esta una novedad en la ley de Dios, porque así se muestra en la primera lectura, que la liturgia ha elegido hoy de Isaías,58, donde el pueblo parece quejarse de que Dios no responde a sus ayunos y penitencias. Dios habla y reprocha con dureza a su pueblo la forma de ayuno que practica. “El día del ayuno buscabais vuestro negocio y explotabais a vuestros trabajadores.”
Jesús intenta en estos tres años de aprendizaje grabar en sus discípulos y en el corazón del cristiano lo que ha sido siempre la auténtica ley del ayuno, que como vemos nos sigue presentando Isaías. “¿Acaso es este el ayuno que yo quiero?” ¿Qué bien me hacéis, les dice Dios en Isaías, con doblegar la cabeza como un junco y cubriros de sayal y ceniza? No será más bien este otro: ¿Desatar los lazos de maldad, deshacer las coyundas del yugo; dar la libertad a los quebrantados y arrancar todo yugo? Y nos lo deja bien claro cuando sigue: “¿No será partir con el hambriento tu pan y recibir en casa a los pobres sin hogar?” Y remata: “Entonces clamarás y Yahvé te responderá.”
Cuando los discípulos comprenden cual es el ayuno que Dios quiere, lo instituyen en su recién nacida Iglesia y así permanece hasta hoy. A nuestro alrededor seguro que encontraremos con quién compartir y dar sentido verdadero de conversión y caridad a nuestro ayuno, en esta Cuaresma que comienza.
