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Evangelio

VENID Y VED

By Manuel Requena5 de enero de 2024Actualizado:5 de enero de 20241 comentario6 Mins de lectura
Comentario al evangelio de hoy Viernes
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Al día siguiente, Jesús quiso partir para Galilea. Se encuentra con Felipe y le dice: «Sígueme.» Felipe era de Bestsaida, de la ciudad de Andrés y Pedro. Felipe se encuentra con Natanael y le dice: «Ese del que escribió Moisés en la Ley, y también los profetas, lo hemos encontrado: Jesús el hijo de José, el de Nazaret.» Le respondió Natanael: «¿De Nazaret puede haber cosa buena?» Le dice Felipe: «Ven y lo verás.» Vio Jesús que se acercaba Natanael y dijo de él: «Ahí tenéis un israelita de verdad, en quien no hay engaño.» Le dice Natanael: «¿De qué me conoces?» Le respondió Jesús: «Antes de que Felipe te llamara, cuando estabas debajo de la higuera, te vi. Le respondió Natanael: «Rabbí, tú eres el Hijo de Dios, tú eres el Rey de Israel.» Jesús le contestó: «¿Por haberte dicho que te vi debajo de la higuera, crees? Has de ver cosas mayores.» Y le añadió: «En verdad, en verdad os digo: veréis el cielo abierto y a los ángeles de Dios subir y bajar sobre el Hijo del hombre» (San Juan 1, 43-51).

COMENTARIO

Nos abre los ojos y los oídos la repetición de VER en distintos tiempos verbales. El evangelista insiste y reitera para transmitir que Jesús le da un sentido diferente al cotidiano.

Tener un corazón sin doblez ni fingimiento es una hazaña, quizás conseguida después de muchas tormentas, porque no es fácil mantenerse fiel a los principios que son los pilares de la vida. Hay que conocer a alguien en profundidad para afirmar su honestidad; solo “viéndolo” no notamos si es feliz o sufre. Pero Jesús  nos conoce -con el inequívoco sentido del verbo griego-, hasta las entrañas. Nos vigila amorosamente, nos espera, siempre está ahí, aunque respeta, disfruta y se divierte contemplando, en su omnisciencia, nuestros juegos casi infantiles a veces.

Así que fue Jesús quien, apenas VIO a Natanael, acortó distancias, tomó la iniciativa y lo alabó presentándolo como “un israelita de verdad, en quien no hay engaño”. Ni tiempo le dio al futuro apóstol de Armenia, de acercarse o preparar una respuesta. Gustó a Jesús su sinceridad y trasparencia de corazón, cansado como estaba de la doble moral y los sinuosos y retorcidos argumentos de los fariseos.

VER es confesar de corazón y con sencillez quien es el Señor. Es creer. No todos estamos dispuestos al cambio radical y profundo de la conversión. ¡Ojalá supiéramos pedir luz y ver como Dios nos ve, quitando nubes, prejuicios y telarañas de nuestros ojos para tener una visión clara de su rostro! “El Principito “lo decía: lo esencial es invisible a los ojos; solo se ve bien con el corazón. Ver más allá de los ojos físicos. El VER de Dios lo traspasa todo, lo domina todo, es ilimitado. Su mirada ve cuando intento engañarlo, convencerlo de lo que me interesa, cuando mi fe es auténtica y cuando es pose. Y me ama igual a pesar de mis trampas, y una y mil veces me abre caminos y me da oportunidades.

Si tuviera el valor de no ocultarme detrás de mi engreído yo, de explicarle mis cruces y mis ansias y ablandar el corazón para que Él lo manejara, tendría un compañero incondicional en mi vida. Como Natanael, que lo reconoció como Maestro (Rabí), el Hijo de Dios y el Rey esperado.

Jesús es la escalera por la que no solo suben y bajan ángeles, sino que es la escala que nos da acceso al Reino.

Doy gracias por los “ángeles” con los que tropecé en mi vida. Personas que me marcaron por su bondad, sabiduría, valor, profesionalidad… y en mi formación quedó huella de ese contacto, efímero a veces, siendo referentes en actitudes que he asumido como mías. Si tuviéramos los ojos más limpios veríamos “ángeles” a nuestro lado a los que ahora ni nos molestamos en mirar…

¿Por qué admiramos en las personas la fuerza, la fama o la belleza y no la bondad, llla verdad y la humildad? Un brazo sobre el hombro de alguien afligido no se acompaña de focos y aplausos. Pero gestos como ese tienen impacto de eternidad.

Acabada su niñez, pubertad y adolescencia, con toda la experiencia de ser un hombre en desarrollo, Jesús comienza la vida pública, proclamando la “plenitud del tiempo”.

¡Qué suerte la de encontrarse con Jesús en nuestra pequeñez y que te diga VEN Y VE! Porque aún necesitamos ir, acercarnos, oír, tocar y acariciar para entrar en comunión con Dios y sus hombres(1Jn1,1). Él en cambio nos ve sin moverse, aunque estemos escondidos bajo la higuera de nuestras locuras, o en las piedras de nuestros desamores.

El cielo abierto donde veremos quién es Él, está señalado en el deseo de Jesús “Quiso ir a Galilea” (Galilluya dice el griego), porque la suya iba a ser la tierra (Gaia) de la entrega mutua en alegría (Alilluya). La tierra donde se vive el mandato suyo, amaos unos a otros, “agapate alleou”, amor recíproco como identidad de nuestro origen.

Jesús tenía “unos 30 años”, dice Lucas, cuando con un estilo propio se acercó y llamó a sus discípulos y amigos. ¡VENID Y VED!, le dijo a los primeros, Juan y Andrés, que le preguntaban donde vivía. Fueron, vieron, se quedaron con Él, y se fue repitiendo la llamada de uno a otro, como si estuviese viva esa Palabra, hasta hoy que sigue produciendo el mismo picor de llamarada en el alma llamada. Incluso aquellos Magos del Oriente, VIERON su estrella lejos, en el cielo, y fueron siguiendo su luz hasta encontrar a Jesús en brazos de María. (Mt 1.)

Juan nos relata en su Evangelio la vida de Jesús como mirando desde arriba hacia abajo, desde el “principio” donde está el Verbo con el Padre, hasta su encuentro físico con la humanidad, no solo hecho niño de hombre, sino también Palabra de un hombre que llama a seguirlo para enseñarnos donde mora y vive, quién es Él y a dónde vamos para encontrarnos con Él y los hermanos.

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1 comentario

  1. FRANCISCO el 5 de enero de 2024 17:27

    Muy bien hermano, gracias!!

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