En aquel tiempo, Jesús propuso esta otra parábola a la gente: «El reino de los cielos se parece a un grano de mostaza que uno siembra en su huerta; aunque es la más pequeña de las semillas, cuando crece es más alta que las hortalizas; se hace un arbusto más alto que las hortalizas, y vienen los pájaros a anidar en sus ramas.»
Les dijo otra parábola: «El reino de los cielos se parece a la levadura; una mujer la amasa con tres medidas de harina, y basta para que todo fermente.»
Jesús expuso todo esto a la gente en parábolas y sin parábolas no les exponía nada. Así se cumplió el oráculo del profeta: «Abriré mi boca diciendo parábolas, anunciaré lo secreto desde la fundación del mundo (San Mateo 13, 31-35).
COMENTARIO
Jesús, en su predicación a las gentes por tierra galileas, muchas veces recurría a ejemplos comprensibles y prácticos para que se le entendiera por personas más bien rústicas, artesanas y sin demasiada cultura…, en fin, gente del pueblo corriente… Además de hacer ver su preferencia por lo sencillo y humilde, como en su infancia y juventud en Nazaret veía todos los días la vida del campo, la rutina diaria del hogar, la naturaleza, muchas veces usó luego escenas y ejemplos de ese este ambiente para hacer oportunas comparaciones y semejanzas.
Así, en el evangelio de hoy 31 de julio 2023, pone ante los hombres la similitud del reino de Dios con la semilla de mostaza, precisamente la más pequeña de las semillas, y con la levadura con que se amasa el pan.
El Reino de Dios, podemos considerarlo de tres formas: El reino o imperio de Dios como el Cielo, su reino aquí en la Tierra, y su reino en nuestra alma, en nuestro interior, en nuestra particular existencia espiritual.
Prescindiendo ahora de la primera interpretación, pues es indiscutible y real, en cuanto a la segunda, aquí en la Tierra podíamos decir que empezó con cuatro pescadores corrientes e incluso, alguno, como el mismo san Pedro, analfabeto, con cuatro mujeres solícitas, pero sin fuerza alguna dada las reglas de vida de esos tiempos, y con algunos adictos más que le seguían con más o menos diligencia y ganas… Luego, gracias a la acción del Espíritu y la Resurrección, empezó a extenderse por doquier a pesar de las persecuciones y los continuos contratiempos. La semilla pequeña creció y a ella han llegado gentes de todos los lugares y territorios buscando el refugio y la vida como los pájaros del cielo van a un gran árbol que sobresale de todos… Es cierto que a través de los siglos se ha desarrollado en medio de sequías y vendavales unas veces, con periodos de brillantez otras…Pero es seguro que llegará a su plenitud cuando toda la Creación se recapitule en Dios.
Lo que se dice de la semilla puede decirse de la levadura. Ambas son poca cosa, pero capaces de transformar lo pequeño en algo grande, como la Iglesia Universal, extendida por todo el mundo…
En cuanto a la tercera interpretación, que es la que personalmente nos afecta, y la que verdaderamente da lugar al reino en la Tierra y a llegar al Cielo, el reino semeja a las primeras palabras o motivos que caen como una semilla, o a una levadura que va creciendo en tu interior. Esa semilla, o esa levadura son las palabras que casualmente quizás oyes a un amigo, a un sacerdote, una lectura ocasional, una primera catequesis, un ejemplo de vida de alguien que te hace pensar. Pero si amasas con ella bien la harina, es decir tu alma, si lo cuidas, lo riegas y lo nutres te va cambiando poco a poco convirtiéndose con el tiempo en algo grande y pleno. La pequeña semilla será un gran árbol, y la levadura en un gran pan. Y lo poco se hará grande y dará lugar a la transformación de algo al principio indiferente y ajeno, que eres tú, en un ser distinto y grandioso, en hijo de Dios lleno de paz y alegría.
Ánimo, pues, hermano, acoge la semilla y amasa la levadura. Si quieres, crecerá en ti hasta cambiar plenamente la vida, y te hará feliz.
