En aquel tiempo, dijo Jesús a sus apóstoles: «Un discípulo no es más que su maestro, ni un esclavo más que su amo; ya le basta al discípulo con ser como su maestro, y al esclavo como su amo. Si al dueño de la casa lo han llamado Belzebú, ¡cuánto más a los criados! No les tengáis miedo, porque nada hay cubierto que no llegue a descubrirse; nada hay escondido que no llegue a saberse. Lo que os digo de noche decidlo en pleno día, y lo que escuchéis al oído, pregonadlo desde la azotea. No tengáis miedo a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma. No, temed al que puede destruir con el fuego alma y cuerpo. ¿No se venden un par de gorriones por unos cuartos? Y, sin embargo, ni uno solo cae al suelo sin que lo disponga vuestro Padre. Pues vosotros hasta los cabellos de la cabeza tenéis contados. Por eso, no tengáis miedo; no hay comparación entre vosotros y los gorriones. Si uno se pone de mi parte ante los hombres, yo también me pondré de su parte ante mi Padre del cielo. Y si uno me niega ante los hombres, yo también lo negaré ante mi Padre del cielo» (San Mateo 10, 24-33).
COMENTARIO
La Buena Noticia que nos trae el Evangelio de hoy es: “No tengáis miedo” y lo corrobora el Evangelio de San Juan no hay temor en el amor (Jn 4, 18s).
Los seres humanos siempre vivimos con amenazas de todo tipo y llenos de temores, tenemos miedo a ser robados, maltratados, vejados, ofendidos, avergonzados, oprimidos, desacreditados, etc… El mayor temor que tenemos es la muerte y si no es miedo a la nuestra, si que tenemos miedo a que se nos muera la persona más querida.
Hoy, por los confinamientos, por la situación de contagios del Covid-19, por las distancias de seguridad, ayer por otras cosas, se nos recomienda, para olvidar las amenazas y temores, realizar un sinfín de tareas, tales como: comunicarnos en la lejanía, hacer pasatiempos, ejercicio físico, escuchar buena música o encender una lampara votiva a la imagen que nos inspire devoción, aprender a cocinar, etc… y es posible que de todo esto también nos cansemos.
Aquí y hoy aparece el Señor que nos ama tal y como somos y nos dice que hasta los cabellos de nuestra cabeza están contados. Con esta presencia se nos invita a dejar de mirarnos a nosotros mismos y a mirar a este Dios que ha entregado su vida por cada uno de nosotros y nos abre una vida nueva.
Le dice Jesús a Nicodemo “Tienes que nacer de nuevo” (San Juan 3, 7).
Nacer de nuevo es nacer a lo esencial a lo que no perece, a la belleza de lo cotidiano, a la entrega generosa, al amor gratuito. Para esto necesitamos a los otros, a los que tenemos a nuestro lado. Animo que Dios existe y nos quiere como somos.

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