• Publicaciones
  • Evangelio del dia
  • Noticias
    • España
    • Ciencia y fe
    • Ecclesia
    • Mundo
  • Publicaciones
  • Evangelio del dia
  • Noticias
    • España
    • Ciencia y fe
    • Ecclesia
    • Mundo
Home»Blogs»Evangelio»El juez inicuo
Evangelio

El juez inicuo

By Jesús Bayarri15 de noviembre de 2025No hay comentarios4 Mins de lectura
Compartir
Facebook Twitter WhatsApp Email

Les propuso una parábola para inculcarles que era preciso orar siempre sin desfallecer: «Había en una ciudad un juez que ni temía a Dios ni respetaba a los hombres. Había en aquella misma ciudad una viuda que, acudiendo a él, le dijo: “¡Hazme justicia contra mi adversario!” Durante mucho tiempo no quiso, pero después se dijo a sí mismo: “Aunque no temo a Dios ni respeto a los hombres, como esta viuda me causa molestias, le voy a hacer justicia para que deje de una vez de importunarme.”» Dijo, pues, el Señor: «Oíd lo que dice el juez injusto; pues, ¿no hará Dios justicia a sus elegidos, que están clamando a él día y noche? ¿Les hará esperar? Os digo que les hará justicia pronto. Pero, cuando el Hijo del hombre venga, ¿encontrará la fe sobre la tierra?» (San Lucas 18, 1-8).

COMENTARIO

Hoy, la Palabra nos susurra con ternura sobre la oración: esa llama que debe arder sin cesar, sin desfallecer. Nos invita a comprender que no hay otra forma auténtica de vivir la fe cristiana que permanecer unidos a Cristo, a Dios, con el corazón… y también con la boca, cuando sea posible. No porque Él necesite de nuestra insistencia extrema, sino porque —como enseña la parábola— la vida cristiana es un combate que dura hasta el fin de los tiempos. Existe un adversario que sólo será encadenado en el “Día del Hijo del Hombre”, cuando Él venga a hacer justicia. Mientras tanto, ese adversario no cesará en su ataque furibundo contra el creyente.

Cuando Israel se acercaba a la tierra prometida, dispuesto a conquistarla, apareció Amalec, figura del adversario, que se oponía a su llegada. Para vencerlo, Israel necesitó de la oración constante de Moisés, mientras luchaba sin rendirse. En el Evangelio, la viuda —símbolo de la Iglesia— suplica con perseverancia ante el juez, buscando ayuda contra su enemigo. En ambos relatos, el adversario no puede ser vencido con fuerzas humanas; se requiere el auxilio poderoso de Dios, cuya acción se despliega en el tiempo que Él ha dispuesto, un tiempo que suele superar la vida de un hombre. Pero Dios, que siempre escucha la oración, hará justicia… aunque a veces nos haga esperar.

Cristo, al hablarnos de la necesidad de orar sin desfallecer, nos advierte con amor que ese combate nos acompañará toda la vida. Sólo cuando llegue el momento final, el adversario perderá todo poder. Entonces, y sólo entonces, el combate cesará.

Una oración así exige una fe que esté a su altura, que la haga posible. Cristo lo expresa con una pregunta que resuena como un suspiro: “Pero cuando el Hijo del Hombre venga, ¿encontrará la fe sobre la tierra? ¿Una fe que haga que sus elegidos clamen a Él día y noche?”

El Señor hace esperar a sus elegidos, como hizo esperar al ciego Bartimeo, en Jericó. Pero ese clamor constante hace presente a Cristo, y con él, el amor de Dios se manifiesta a quienes rodean al que ora. La oración garantiza la victoria; la fe la hace posible.

No hacen falta muchas palabras en la oración, pero sí una actitud constante del corazón: cercanía, unión amorosa con el Señor, y una confianza plena que nace de reconocer nuestra propia fragilidad. Más importante que lo que pedimos es el hecho de pedirlo, de mantener nuestro corazón en diálogo continuo de amor, bendición y gratitud hacia Dios. En ese diálogo, también le presentamos nuestras preocupaciones y necesidades, sin olvidar las de quienes nos rodean.

San Agustín lo expresó con una belleza que aún conmueve: la oración es el encuentro entre la sed de Dios —que es su amor— y la sed del hombre —que es su necesidad de amar y ser amado.

Compartir. Facebook Twitter Email WhatsApp

Publicaciones relacionadas

Ni alforja, ni dinero suelto

5 de febrero de 20261 Min de lectura

“Nadie es profeta en su tierra”

4 de febrero de 20263 Mins de lectura

NO TEMAS, BASTA QUE TENGAS FE

3 de febrero de 20264 Mins de lectura
Dejar un comentario Cancelar respuesta

Últimos artículos

Entrevista a Juan Pablo y Andrea

15 de enero de 2019

Buenos propósitos digitales: ¡Estos son los secretos de la dieta 5:2!

7 de mayo de 2018

La muerte cristiana VII

13 de julio de 2015

Aborto, ni se ve ni se nota

13 de julio de 2015
Lo más comentado
  • binance register en Tensión entre Constantinopla y Moscú por la independencia de los ortodoxos ucranianos
  • annmarieyp9 en Entrevista a Luis y Ana, padres de un joven fallecido por cáncer
  • binance sign up bonus en II Jornada Mundial de los Pobres
  • pubg uc shop en Siete razones por las que «Sound of Freedom» se ha convertido en el fenómeno cinematográfico del año
No te lo pierdas

El Dios del Tenorio

By BuenaNueva31 de enero de 2011

El desarrollo habitual de manuales escolares e Historias de la Literatura no ayuda mucho a…

Andorra, lugar de encuentros

17 de septiembre de 2014

Miramos a Jesús con los ojos de María

5 de junio de 2012

Los cuatro signos. Segunda parte

31 de enero de 2014

La Asociación Canónica Bendita María, editora de la la revista Buenanueva es una asociación sin ánimo de lucro. No esta vinculada a ningún grupo, ni movimiento de la Iglesia ni a ninguna otra institución, por lo tanto no tiene más ingresos que los derivados de las suscripciones personales y la aportaciones que graciosamente nos hacen. 

Todas las personas que colaboraran en ella lo hace gratuitamente con la única finalidad de anunciar el Evangelio y el Reino de Dios a través de este medio.

Boletín de noticias

Teclee arriba y presione Enter para buscar. Presione Esc para cancelar.