• Publicaciones
  • Evangelio del dia
  • Noticias
    • España
    • Ciencia y fe
    • Ecclesia
    • Mundo
  • Publicaciones
  • Evangelio del dia
  • Noticias
    • España
    • Ciencia y fe
    • Ecclesia
    • Mundo
Home»Blogs»Evangelio»«¿A quién buscáis?»
Evangelio

«¿A quién buscáis?»

By Ángel Pérez Martín15 de abril de 20224 comentarios16 Mins de lectura
Comentario al evangelio de hoy Viernes
Compartir
Facebook Twitter WhatsApp Email

C. En aquel tiempo, salió Jesús con sus discípulos al otro lado del torrente Cedrón, donde había un huerto, y entraron allí él y sus discípulos. Judas, el traidor, conocía también el sitio, porque Jesús se reunía a menudo allí con sus discípulos. Judas entonces, tomando la patrulla y unos guardias de los sumos sacerdotes y de los fariseos, entró allá con faroles, antorchas y armas. Jesús, sabiendo todo lo que venía sobre él, se adelantó y les dijo: + «¿A quién buscáis?»
C. Le contestaron: S. «A Jesús, el Nazareno.»
C. Les dijo Jesús: + «Yo soy.»
C. Estaba también con ellos Judas, el traidor. Al decirles: «Yo soy», retrocedieron y cayeron a tierra. Les preguntó otra vez: + «¿A quién buscáis?»
C. Ellos dijeron: S. «A Jesús, el Nazareno.»
C. Jesús contestó: + «Os he dicho que soy yo. Si me buscáis a mí, dejad marchar a éstos»
C. Y así se cumplió lo que había dicho: «No he perdido a ninguno de los que me diste.» Entonces Simón Pedro, que llevaba una espada, la sacó e hirió al criado del sumo sacerdote, cortándole la oreja derecha. Este criado se llamaba Malco. Dijo entonces Jesús a Pedro: + «Mete la espada en la vaina. El cáliz que me ha dado mi Padre, ¿no lo voy a beber?»
C. La patrulla, el tribuno y los guardias de los judíos prendieron a Jesús, lo ataron y lo llevaron primero a Anás, porque era suegro de Caifás, sumo sacerdote aquel año; era Caifás el que había dado a los judíos este consejo: «Conviene que muera un solo hombre por el pueblo.» Simón Pedro y otro discípulo seguían a Jesús. Este discípulo era conocido del sumo sacerdote y entró con Jesús en el palacio del sumo sacerdote, mientras Pedro se quedó fuera a la puerta. Salió el otro discípulo, el conocido del sumo sacerdote, habló a la portera e hizo entrar a Pedro. La criada que hacía de portera dijo entonces a Pedro: S. «¿No eres tú también de los discípulos de ese hombre?»
C. Él dijo: S. «No lo soy.»
C. Los criados y los guardias habían encendido un brasero, porque hacía frío, y se calentaban. También Pedro estaba con ellos de pie, calentándose. El sumo sacerdote interrogó a Jesús acerca de sus discípulos y de la doctrina. Jesús le contestó: + «Yo he hablado abiertamente al mundo; yo he enseñado continuamente en la sinagoga y en el templo, donde se reúnen todos los judíos, y no he dicho nada a escondidas. ¿Por qué me interrogas a mí? Interroga a los que me han oído, de qué les he hablado. Ellos saben lo que he dicho yo.»
C. Apenas dijo esto, uno de los guardias que estaban allí le dio una bofetada a Jesús, diciendo: S. «¿Así contestas al sumo sacerdote?»
C. Jesús respondió: + «Si he faltado al hablar, muestra en qué he faltado; pero si he hablado como se debe, ¿por qué me pegas?»
C. Entonces Anás lo envió atado a Caifás, sumo sacerdote. Simón Pedro estaba en pie, calentándose, y le dijeron:
S. «¿No eres tú también de sus discípulos?»
C. Él lo negó, diciendo: S. «No lo soy.»
C. Uno de los criados del sumo sacerdote, pariente de aquel a quien Pedro le cortó la oreja, le dijo:
S. «¿No te he visto yo con él en el huerto?»
C. Pedro volvió a negar, y enseguida cantó un gallo. Llevaron a Jesús de casa de Caifás al pretorio. Era el amanecer, y ellos no entraron en el pretorio para no incurrir en impureza y poder así comer la Pascua. Salió Pilato afuera, adonde estaban ellos, y dijo: S. «¿Qué acusación presentáis contra este hombre?»
C. Le contestaron: S. «Si éste no fuera un malhechor, no te lo entregaríamos.»
C. Pilato les dijo: S. «Lleváoslo vosotros y juzgadlo según vuestra ley.»
C. Los judíos le dijeron: S. «No estamos autorizados para dar muerte a nadie.»
C. Y así se cumplió lo que había dicho Jesús, indicando de qué muerte iba a morir. Entró otra vez Pilato en el pretorio, llamó a Jesús y le dijo: S. «¿Eres tú el rey de los judíos?»
C. Jesús le contestó: + «¿Dices eso por tu cuenta o te lo han dicho otros de mí?»
C. Pilato replicó: S. «¿Acaso soy yo judío? Tu gente y los sumos sacerdotes te han entregado a mí; ¿qué has hecho?»
C. Jesús le contestó: + «Mi reino no es de este mundo. Si mi reino fuera de este mundo, mi guardia habría luchado para que no cayera en manos de los judíos. Pero mi reino no es de aquí.»
C. Pilato le dijo: S. «Conque, ¿tú eres rey?»
C. Jesús le contestó: + «Tú lo dices: soy rey. Yo para esto he nacido y para esto he venido al mundo: para ser testigo de la verdad. Todo el que es de la verdad escucha mi voz.»
C. Pilato le dijo: S. «Y, ¿qué es la verdad?»
C. Dicho esto, salió otra vez adonde estaban los judíos y les dijo: S. «Yo no encuentro en él ninguna culpa. Es costumbre entre vosotros que por Pascua ponga a uno en libertad. ¿Queréis que os suelte al rey de los judíos?»
C. Volvieron a gritar: S. «A ése no, a Barrabás.»
C. El tal Barrabás era un bandido. Entonces Pilato tomó a Jesús y lo mandó azotar. Y los soldados trenzaron una corona de espinas, se la pusieron en la cabeza y le echaron por encima un manto color púrpura; y, acercándose a él, le decían: S. «¡Salve, rey de los judíos!»
C. Y le daban bofetadas. Pilato salió otra vez afuera y les dijo: S. «Mirad, os lo saco afuera, para que sepáis que no encuentro en él ninguna culpa.»
C. Y salió Jesús afuera, llevando la corona de espinas y el manto color púrpura. Pilato les dijo: S. «Aquí lo tenéis.»
C. Cuando lo vieron los sumos sacerdotes y los guardias, gritaron: S. «¡Crucifícalo, crucíficalo!»
C. Pilato les dijo: S «Lleváoslo vosotros y crucificadlo, porque yo no encuentro culpa en él.»
C. Los judíos le contestaron: S «Nosotros tenemos una ley, y según esa ley tiene que morir, porque se ha declarado Hijo de Dios.»
C. Cuando Pilato oyó estas palabras, se asustó aún más y, entrando otra vez en el pretorio, dijo a Jesús:
S. «¿De dónde eres tú?»
C. Pero Jesús no le dio respuesta. Y Pilato le dijo: S. «¿A mí no me hablas? ¿No sabes que tengo autoridad para soltarte y autoridad para crucificarte?»
C. Jesús le contestó: + «No tendrías ninguna autoridad sobre mí, si no te la hubieran dado de lo alto. Por eso el que me ha entregado a ti tiene un pecado mayor.»
C. Desde este momento Pilato trataba de soltarlo, pero los judíos gritaban: S. «Si sueltas a ése, no eres amigo del César. Todo el que se declara rey está contra el César.»
C. Pilato entonces, al oír estas palabras, sacó afuera a Jesús y lo sentó en el tribunal, en el sitio que llaman «el Enlosado» (en hebreo Gábbata). Era el día de la Preparación de la Pascua, hacia el mediodía. Y dijo Pilato a los judíos: S. «Aquí tenéis a vuestro rey.»
C. Ellos gritaron: S. «¡Fuera, fuera; crucifícalo!»
C. Pilato les dijo: S. «¿A vuestro rey voy a crucificar?»
C. Contestaron los sumos sacerdotes: S. «No tenemos más rey que al César.»
C. Entonces se lo entregó para que lo crucificaran. Tomaron a Jesús, y él, cargando con la cruz, salió al sitio llamado «de la Calavera» (que en hebreo se dice Gólgota), donde lo crucificaron; y con él a otros dos, uno a cada lado, y en medio, Jesús. Y Pilato escribió un letrero y lo puso encima de la cruz; en él estaba escrito: «Jesús, el Nazareno, el rey de los judíos.» Leyeron el letrero muchos judíos, porque estaba cerca el lugar donde crucificaron a Jesús, y estaba escrito en hebreo, latín y griego. Entonces los sumos sacerdotes de los judíos dijeron a Pilato:
S. «No, escribas: «El rey de los judíos», sino: «Éste ha dicho: Soy el rey de los judíos.»»
C. Pilato les contestó: S. «Lo escrito, escrito está.»
C. Los soldados, cuando crucificaron a Jesús, cogieron su ropa, haciendo cuatro partes, una para cada soldado, y apartaron la túnica. Era una túnica sin costura, tejida toda de una pieza de arriba abajo. Y se dijeron:
S. «No la rasguemos, sino echemos a suerte, a ver a quién le toca.»
C. Así se cumplió la Escritura: «Se repartieron mis ropas y echaron a suerte mi túnica». Esto hicieron los soldados. Junto a la cruz de Jesús estaban su madre, la hermana de María, la Magdalena. Jesús, al ver a su madre y cerca al discípulo que tanto quería, dijo a su madre: + «Mujer, ahí tienes a tu hijo.»
C. Luego, dijo al discípulo: + «Ahí tienes a tu madre.»
C. Y desde aquella hora, el discípulo la recibió en su casa. Después de esto, sabiendo Jesús que todo había llegado a su término, para que se cumpliera la Escritura dijo: + «Tengo sed.»
C. Había allí un jarro lleno de vinagre. Y, sujetando una esponja empapada en vinagre a una caña de hisopo, se la acercaron a la boca. Jesús, cuando tomó el vinagre, dijo: + «Está cumplido.»
C. E, inclinando la cabeza, entregó el espíritu. Los judíos entonces, como era el día de la Preparación, para que no se quedaran los cuerpos en la cruz el sábado, porque aquel sábado era un día solemne, pidieron a Pilato que les quebraran las piernas y que los quitaran. Fueron los soldados, le quebraron las piernas al primero y luego al otro que habían crucificado con él; pero al llegar a Jesús, viendo que ya había muerto, no le quebraron las piernas, sino que uno de los soldados, con la lanza, le traspasó el costado, y al punto salió sangre y agua. El que lo vio da testimonio, y su testimonio es verdadero, y él sabe que dice verdad, para que también vosotros creáis. Esto ocurrió para que se cumpliera la Escritura: «No le quebrarán un hueso»; y en otro lugar la Escritura dice: «Mirarán al que atravesaron.» Después de esto, José de Arimatea, que era discípulo clandestino de Jesús por miedo a los judíos, pidió a Pilato que le dejara llevarse el cuerpo de Jesús. Y Pilato lo autorizó. Él fue entonces y se llevó el cuerpo. Llegó también Nicodemo, el que había ido a verlo de noche, y trajo unas cien libras de una mixtura de mirra y áloe. Tomaron el cuerpo de Jesús y lo vendaron todo, con los aromas, según se acostumbra a enterrar entre los judíos. Había un huerto en el sitio donde lo crucificaron, y en el huerto un sepulcro nuevo donde nadie había sido enterrado todavía. Y como para los judíos era el día de la Preparación, y el sepulcro estaba cerca, pusieron allí a Jesús (San Juan 18, 1-19, 42).

COMENTARIO

Estamos inmersos en el triduo pascual. Solo pensar en hacer un comentario a tal inmenso evangelio, intimida. Pero, resaltar ciertos rasgos del evangelio de Juan nos puede ayudar a vivir este tiempo de forma diferente.

Juan es el evangelio más pequeño, en término de número de palabras, pero el más intenso en lo que a mensaje se refiere. Mientras que los sinópticos resaltan el anuncio del Reino, el «amigo de Jesús» enfatiza su figura divina y su misión.

La Semana Santa no se puede vivir desde el punto de vista «sentimental». Juan parte de esta idea por lo que no insiste en los rasgos trágicos y humillantes, porque lo que narra no es un acontecimiento particular de aquel momento de la historia, sino que es parte del engranaje de la historia de la salvación. Quizá también por eso no incluye la oración de Jesús en el huerto; otros opinan que al dormirse no eran conscientes de lo que Jesús sufría, pero Juan ya en el v. 11 pone de manifiesto que Jesús acepta beber el cáliz que recibe del Padre como don. El que es buscado para ser condenado a muerte es, en realidad, el que conduce la historia y determina el destino humano. Jesús quiere salvar a los suyos y esto implica ser arrestado.

Jesús cambia totalmente de actitud libremente. Ya no se escabulle, como cuando querían despeñarle o apedrearle; tampoco utiliza su sabiduría para contestar con habilidad a sus enemigos. Es momento de «entrar en la voluntad del Padre», obedeciendo. Jesús responde a Anás —poder religioso— con sencillez sobre su enseñanza. La bofetada del criado es como la respuesta del judaísmo y del mundo a esta enseñanza. Ante Pilato —poder político— Jesús se muestra como el verdadero testigo de la revelación mesiánica, o sea, de la «verdad» que es él mismo (cf. 14,6), es «rey» de los que escuchan su palabra. Juan tampoco menciona los salivazos, los golpes en la cabeza, las genuflexiones burlonas de los soldados, pero sí hace referencia de las bofetadas; con ellas, el evangelista quiere interpretar el rechazo violento de la realeza de Jesús por parte de los hombres.

En el relato de la Pasión se emplea doce veces el título de «rey» y tres veces el término de «reino». Juan —que usa de forma frecuente los números y su significado en el pueblo hebreo— identifica con ello en la Pasión una clara epifanía de Cristo-Rey. Por otra parte, la túnica no dividida simboliza la unidad de la Iglesia, realizada por la muerte de Jesús, tal como había profetizado Caifás (11,52). Por lo que se refiere a la escena de María con el discípulo predilecto a los pies de la cruz es propia de Juan. A ellos les dirige Jesús unas palabras conmovedoras que iluminan de forma profunda el valor eclesial de su presencia.

Juan —como ya anticipó en la narración del encuentro de Jesús con Nicodemo— presenta la elevación de Jesús en la cruz desde una perspectiva real y salvífica; desde lo alto de la cruz es desde donde Jesús atrae hacia sí a todos los hombres para entregarles la salvación. En la cruz, Jesús cumple lo que anticipó a unos griegos que lo buscaban: «Ahora el príncipe de este mundo será echado fuera» (12,31); el poder de Satanás va a ser sustituido por el de Cristo, que domina desde lo alto de la cruz como desde un trono.

La cruz es, para el cuarto evangelio, la revelación suprema del amor del Padre. Esto es básico para entender la total libertad y perfecta conciencia que Jesús tiene de cada uno de los actos que realiza. Jesús no lleva a cabo la empresa salvífica encomendada por el Padre como una víctima resignada e impotente, sino con la actitud soberana de quien conoce el sentido de los acontecimientos y los acepta libremente. Esta es la cumbre del amor; el modelo de todo auténtico amor: «Para él, esta hora es la del Padre, la hora de la revelación de la luz, del amor. Hay un versículo de la primera carta de Juan (3,16) que adquiere aquí todo su sentido cabal y completo: “En esto hemos conocido el amor: él dio su vida por nosotros”» (I. de la Potterie).

Juan nos presenta a María, de forma relacionada (con su típico juego de números y de palabras), en el signo inaugural y profético de Caná (2,1-12) y en el momento final de la historia de salvación diseñada por Dios (19,25-27); síntesis profundísima de la presencia discreta de María en su vida pública y que son dos epifanías diferentes y complementarias del amor de Jesús por la humanidad. Ambos episodios están vinculados y se auto iluminan el uno al otro, para lo que el evangelista utilizará el término «hora». En este momento histórico, Jesús se dirige a María, llamándola de nuevo «mujer»; con ello, el Hijo de Dios no quiere resaltar su individualidad, sino su función en la obra salvífica del Hijo. María, la mujer asociada a la hora del Hijo, vive en aquel momento otro instante que «ni sabios, ni ángeles» conocían: el punto crucial donde Israel se convierte en Iglesia.

La entrega de María a Juan por parte de Jesús a punto de morir está llena de muchos detalles humanos. Tampoco podemos caer en una interpretación literal ni buscar connotaciones psicológicas o sentimentales del momento. Debemos de fijarnos en que las primeras palabras de Jesús van dirigidas a su madre para confiarle al discípulo; esto evidencia que Jesús no estaba solucionando «un problema familiar»; si hubiera sido así, tendría que haber hecho lo contrario; además, si Jesús hubiera querido resolver una cuestión de familia, seguramente hubiera elegido un momento más oportuno.

No sé si estos detalles que el evangelista utiliza para transmitir lo que él en persona vivió, nos puede ayudar a nosotros, como cristianos, en este día que el Señor nos llama a celebrar desde la historia —donde Dios ES— y no a buscar sentimientos que justifiquen las celebraciones (que si él quiere regalarnos sentimientos pues bienvenidos sean). El Señor hoy rompe las cadenas (fundidas por la desobediencia) que nos tenían presos por miedo a la muerte; no solo eso nos hace ver el significado de las palabras que había dicho a sus discípulos: «Yo soy el camino, la verdad y la vida» (Jn 14,6). El camino: hacer la voluntad de Dios (someterse por amor); la verdad: el amor que esconde la humildad de Jesús (siendo Dios se hizo hombre asumiendo nuestra temporalidad para hacernos partícipes de su divinidad intemporal); la vida: «nueva» que experimentamos al coger la cruz, como él; fiándonos de Dios; siendo uno con la Trinidad. Que el Señor nos conceda mirar de frente a la cruz de Jesucristo (y a nuestra cruz) de tal forma que vivamos de forma real la salvación en nuestra vida hoy. No es hora de mirar nuestra fragilidad —que nos hace ver Pedro con sus negaciones, o Judas con su traición—, sino el poder de Dios, hecho visible en la realeza de la cruz que destruye todos nuestros pecados y somete el poder de nuestro acusador. Buena Vigilia y buena cincuentena pascual.

Compartir. Facebook Twitter Email WhatsApp

Publicaciones relacionadas

«La señal de Jonás»

25 de febrero de 20262 Mins de lectura

Padre nuestro

24 de febrero de 20261 Min de lectura

LA LLAMADA DE JESÚS

23 de febrero de 20263 Mins de lectura

4 comentarios

  1. av 在线 el 25 de febrero de 2026 19:05

    Hi there! Do you use Twitter? I’d like to follow you if that would be okay. I’m undoubtedly enjoying your blog and look forward to new posts.

  2. 國產 av el 17 de febrero de 2026 15:02

    Right here is the perfect website for anyone who hopes to understand this topic. You realize so much its almost tough to argue with you (not that I personally will need to…HaHa). You certainly put a brand new spin on a topic which has been discussed for decades. Great stuff, just excellent!

  3. av 在线 el 15 de febrero de 2026 21:58

    Howdy! Someone in my Facebook group shared this site with us so I came to give it a look. I’m definitely enjoying the information. I’m bookmarking and will be tweeting this to my followers! Exceptional blog and terrific design and style.

  4. 國產 av el 6 de febrero de 2026 19:29

    I truly love your website.. Very nice colors & theme. Did you build this web site yourself? Please reply back as I’m looking to create my own website and would like to know where you got this from or exactly what the theme is called. Thank you!

Dejar un comentario

Últimos artículos

Entrevista a Juan Pablo y Andrea

15 de enero de 2019

Buenos propósitos digitales: ¡Estos son los secretos de la dieta 5:2!

7 de mayo de 2018

La muerte cristiana VII

13 de julio de 2015

Aborto, ni se ve ni se nota

13 de julio de 2015
Lo más comentado
  • 國產 av en Hacen falta unos nuevos Pactos de la Moncloa
  • hi88 en A Dios lo que es de Dios
  • gbgbet en Fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz
  • hi88 en Cameron vuelve a defender las raíces cristianas en su mensaje de Navidad
No te lo pierdas

La Trinidad de Rublev – La imagen como forma de oración.

By BuenaNueva15 de junio de 2012

La espiritualidad de la tradición icónica oriental no tiene parangón con la imaginería del arte…

Miramos a Jesús con los ojos de María

5 de junio de 2012

El diario de Ana Frank

31 de enero de 2011

La Encarnación del Hijo de Dios

1 de marzo de 2014

La Asociación Canónica Bendita María, editora de la la revista Buenanueva es una asociación sin ánimo de lucro. No esta vinculada a ningún grupo, ni movimiento de la Iglesia ni a ninguna otra institución, por lo tanto no tiene más ingresos que los derivados de las suscripciones personales y la aportaciones que graciosamente nos hacen. 

Todas las personas que colaboraran en ella lo hace gratuitamente con la única finalidad de anunciar el Evangelio y el Reino de Dios a través de este medio.

Boletín de noticias

Teclee arriba y presione Enter para buscar. Presione Esc para cancelar.