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Antonio Fdez. Benayas

Ser liberal en los tiempos que corren

By BuenaNueva10 de junio de 2016No hay comentarios4 Mins de lectura
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Para un humanista de la talla del doctor Marañón “Ser liberal es, precisamente, estas dos cosas: primero, estar dispuesto a entenderse con el que piensa de otro modo y, segundo, no admitir jamás que el fin justifica los medios sino que, al contrario, son los medios los que justifican el fin. El liberalismo es, pues, una conducta y, por lo tanto, es mucho más que una política.. Y, como tal conducta, no requiere profesiones de fe sino ejercerla de un modo natural, sin exhibirla ni ostentarla. Se debe ser liberal sin darse cuenta como se es limpio o, como por instinto, nos resistimos a mentir”.

En consecuencia con esa forma de entender el ser liberal, para el mismo Doctor Marañón “la tolerancia verdadera, la verdadera transigencia no es ceder a regañadientes ni disimular cosas que hemos decidido nosotros que no son lícitas. Es comprender todo aquello que no nos parece justo, razonable, verdadero, lícito..; y comprenderlo con amor pensando que la verdad definitiva solo Dios la conoce y que lo que creemos verdad nuestra nunca nos autoriza a menospreciar a los demás. Lo contrario es necio orgullo e ignorancia de la Historia” con un tilde de vergonzoso y vergonzante fariseísmo, podríamos añadir.

Desde esa óptica podemos decir que ser liberal equivale a ser “extraordinariamente generoso”, ello independiente de la adscripción a éste o a aquel otro partido político que se presenta o no como liberal, haciendo indebidamente suyo el carácter.de las personas que toman tanto para sí como para todos los demás el uso y disfrute de una libertad asequible, sin excepción, a todos los seres humanos.

Es así como podemos reconocer que la calificación de liberal es la opuesta a la de egoísta y, consecuentemente, en su genuina significación y muy a pesar de lo que algunos apuntan (incluido Friedrich Hayek), Liberalismo no equivale a Individualismo, máxime cuando éste se refiere a la doctrina del que todo, incluido mucho de lo que no necesita, lo mide desde su mayor y exclusiva conveniencia, aunque, siguiendo a Adam Smith, intente auto justificarse con la media verdad de que, velando por sí mismo vela por el Bien General.

Cuando en una sociedad son los liberales con amplitud de miras y claro sentido de la responsabilidad social los que marcan la pauta del comportamiento general, puede decirse que se está en camino de un progresivo bienestar comunitario puesto que el ser humano y su entorno están constituidos de tal forma que podrá llegarse a la situación que Pablo de Tarso describió de la siguiente manera:

“Hay diversidad de carismas, pero el Espíritu es el mismo; diversidad de ministerios, pero el Señor es el mismo; diversidad de operaciones, pero es el mismo Dios que obra en todos. A cada cual se le otorga la manifestación del Espíritu para provecho común, Porque a uno se le da por el Espíritu palabra de sabiduría; a otro, palabra de ciencia según el mismo Espíritu; a otro, fe, en el mismo Espíritu; a otro, carismas de curaciones, en el único Espíritu; a otro, poder de milagros; a otro, profecía; a otro, discernimiento de espíritus; a otro, diversidad de lenguas; a otro, don de interpretarlas. Pero todas estas cosas las obra un mismo y único Espíritu, distribuyéndolas a cada uno en particular según su voluntad” (I Cor. 12, 4-12)

Claro que, para llegar a esa envidiable situación de orden y de bienestar social, cada uno debe haber asumido la responsabilidad que le corresponde según sus aptitudes y el cargo que desempeña, cuestión tanto más difícil cuanto más abunda la demagogia y más escasean el Amor, el Trabajo y la genuina Libertad de las personas de buena voluntad, insustituibles valores para que de cada libertad personal surja la pertinente responsabilidad social.

            Antonio Fernández Benayas

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