En aquel tiempo, Jesús dejó a la gente y se fue a casa.
Los discípulos se le acercaron a decirle: «Acláranos la parábola de la cizaña en el campo».
Él les contestó: «El que siembra la buena semilla es el Hijo del hombre; el campo es el mundo; la buena semilla son los ciudadanos del reino; la cizaña son los partidarios del Maligno; el enemigo que la siembra es el diablo; la cosecha es el fin del tiempo, y los segadores los ángeles.
Lo mismo que se arranca la cizaña y se echa al fuego, así será al final de los tiempos: el Hijo del hombre enviará a sus ángeles y arrancarán de su reino todos los escándalos y a todos los que obran iniquidad, y los arrojarán al horno de fuego; allí será el llanto y el rechinar de dientes. Entonces los justos brillarán como el sol en el reino de su Padre. El que tenga oídos, que oiga» (San Mateo 13, 36-43).
COMENTARIO
Nos puede ayudar a renovar el trato con el Señor, el afán de acercarle alma – ¡también en vacaciones! – y la necesidad de la lucha personal para avanzar e (Dios) en la aventura de la santidad, recordar unas palabras de Santa Teresa de Jesús (Camino de Perfección 1,2). Dice así: (Dios)” … nunca falta de ayudar a quien por Él se determina a dejarlo todo”.
El “todo” es variable y flexible según cada persona, según su camino y un largo etc. Pero la clave está en dos aspectos que tan claramente recoge este pasaje del Evangelio de Mateo. La primera es que en nuestro propio corazón, en nuestras decisiones siempre existe esa pelea entre el bien y el mal. Y la segunda es que en todos los ambientes, desde os más queridos como es la propia familia, al ámbito profesional y social, siempre se da también esa pelea entre el bien y el mal. En este segundo caso, hay que ser valientes para no meterse donde no se debe, venciendo los respetos humanos que haga falta.
El “todo”, concretando un poco más, es poner las mejores energías en la piedad; el “todo” es recomenzar cuando el “enemigo” en lo grande o en lo pequeño, nos enreda. Es inevitable, como ha pasado y pasa a lo largo de la historia que los hijos de Dios convivan con los hijos del Maligno. Pero ahí, tenemos que actualizar el “todo”, dejando que Cristo siembre lo bueno en nosotros y en los demás.
Mucho ánimo, que nos ayude el consejo de Santa Teresa y también el de otro santo San Josemaría que recoge en Camino (num.211) “…Aprende sacar de las caídas, impulso: de la muerte, vida”.
