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Diego Quiñones

Razones del abstencionismo. Una Unión Europea sin Europa

By BuenaNueva26 de mayo de 2014Actualizado:27 de mayo de 2014No hay comentarios5 Mins de lectura
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Tan solo el 43´11 %  de los 380  millones de los europeos llamados a los comicios-2014, ha llevado a cabo el derecho y el deber de votar para elegir a los 781 representantes del Parlamento Europeo de 28 naciones, un ligero crecimiento en la participación con respecto a los de hace cinco años, que fue del 43%. El partido más votado ha sido el de centro derecha, el Partido Popular Europeo (PEE), seguido del partido socialdemócrata, el Partido Socialista Europeo (PSE) junto al Partido de los Demócratas, que conforman el Grupo de la Alianza Progresista de Socialistas y Demócratas en el Parlamento Europeo(S&D), pero ambos, con menos escaños en Parlamento Europeo, porque, como en España, el bipartidismo se debilita, por la aparición de partidos de extrema izquierda y de extrema derecha.

Otra buena parte de europeos siguen en la abstención,cerca del  57%. Al igual que en las anteriores elecciones europeas de 2009, se han decidido por no acudir a las urnas a depositar un voto, han renunciado a ejercer el derecho y el deber al voto, una decisión tan legítima, como otras, y que tiene en algunos casos su justificación, porque hay razones obvias para reconocer lo que ello significa, y la primera de ellas, es que la Unión Europea no quiere reconocer qué es Europa.

La Unión Europea se percibe por la mayoría de los europeos como una confabulación de intereses monetarios que se centra en una política fiscal y económica que incentiva los mercados, la banca y las finanzas, y no se centra en lo que fue el proyecto original e histórico de Europa, la persona, considerada en convivencia comunitaria, para darle un sentido humano y transcendente, donde el cristianismo católico es la primera identidad histórica fundacional de Europa.

Europa no es la Unión Europea, porque esta pretende refundar y olvidar la identidad histórica de Europa, en contravalores economicistas y artificiosos de la fracasada sociedad del bienestar materialista y hedonista, y del relativismo multiculturalista desintegrador. Además, y prevalentemente, son destructores y falsificadores de los Derechos Humanos, ya que las políticas economicistas de las ideologías de los partidos neoliberales populares y de los partidos socialdemócratas han provocado un escaso crecimiento económico de un 0´2%, que lleva a una débil recuperación y a un aumento del paro, que, es de 26 millones de personas. A pesar de las políticas economicistas de austeridad y del aumento de impuestos, el Producto Interior Bruto de la UE, es del 88%, y en crecimiento, como el del gasto desmesurado de las administraciones públicas europeas.

Europa tampoco es el regreso y retroceso en la Unión Europea a los nacionalismos radicales, separatistas, secesionistas y terroristas totalitarios, o, a la reaparición de los populismos extremistas de la ultraizquierda neocomunista y de la ultraderecha neonazi, que, se han incentivado con la crisis social, política, económica, cultural y moral de las instituciones en las democracias constitucionales de la Unión Europea, más preocupadas por ejercer un poder político de intervencionismo ideológico, como son las políticas de control social y contracultural de la neomarxista y neoliberal ideología de género, que es la que al fin y al cabo dirige todos los programas socioeconómicos nacionales e internacionales de la Unión Europa, siguiendo las exigencias del Nuevo Orden Mundial, que no son sino las directrices y leyes de la Organización de las Naciones Unidas (ONU).

Nuevo Orden Mundial, que se viene diseñando desde los siglos XVIII y XIX en Europa y América, cuando comienzan las revoluciones masónicas anticristianas católicas, las revoluciones de Inglaterra, la Revolución Francesa y la revolución norteamericana, donde las ideologías liberales, socialistas, comunistas y los nacionalismos totalitarios, hasta ahora el siglo XXI, han sacado provecho, no sin tremendos y terroríficos resultados en cuanto a guerras civiles y mundiales, crisis gravísimas de ruinas sociales, culturales y económicas, violaciones de los Derechos Humanos, que desembocan en crímenes contra la Humanidad.

La identidad común de Europa, sigue siendo el cristianismo, el cristianismo de la Iglesia de Cristo, la católica, y el cristianismo de las otras iglesias separadas de ella por cismas y herejías, como la Iglesia Ortodoxa, separada en el año 1054, o, a partir del siglo XVI, con las diversas iglesias surgidas de la Reforma protestante. Nuestra identidad histórica comunitaria no excluye sino que invita al diálogo y a la colaboración con otras religiones, y, por supuesto, con las ideologías que detentan el poder en las naciones de Europa.

No reconocer la identidad propia de Europa, por parte de una Unión Europea no contribuye a romper los muros nacionalistas y economicistas, los muros del incremento del racismo, de la xenofobia, del neonazismo, del fascismo, del neocomunismo y del anticristianismo en los que se halla prisionera la sociedad civil europea.

El cristianismo, y más en concreto el cristianismo católico presente en todos los continentes es el ágora europea y universal, abierta a la libertad, a la justicia, a la paz, a la igualdad, a la solidaridad, a la fraternidad y a la dignidad, pero con la verdad fundamentando estos valores, la verdad en el ser humano transcendido que busca y encuentra a Dios en la Historia.  Es lo que la Unión Europea ha olvidado aunque no Europa, pues aún perduran en su Historia pasada y presente, para revitalizar a los europeos.

Diego Quiñones Estévez

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