En aquel tiempo, se acercó uno a Jesús y le preguntó: «Maestro, ¿qué tengo que hacer de bueno para obtener la vida eterna?»
Jesús le contestó: «¿Por qué me preguntas qué es bueno? Uno solo es Bueno. Mira, si quieres entrar en la vida, guarda los mandamientos.»
Él le preguntó: «¿Cuáles?»
Jesús le contestó: «No matarás, no cometerás adulterio, no robarás, no darás falso testimonio, honra a tu padre y a tu madre, y ama a tu prójimo como a ti mismo.»
El muchacho le dijo: «Todo eso lo he cumplido. ¿Qué me falta?»
Jesús le contestó: «Si quieres llegar hasta el final, vende lo que tienes, da el dinero a los pobres –así tendrás un tesoro en el cielo– y luego vente conmigo.»
Al oír esto, el joven se fue triste, porque era rico (San Mateo 19, 16-22).
COMENTARIO
Los tres primeros evangelios reseñan este episodio, pero Mateo es quien describe con más precisión el diálogo entre Jesús y el joven. Éste cumple los mandamientos (vv. 18-20) y pregunta a Jesús qué más «obras buenas» (vv. 16.20) debe hacer. Jesús, con su primera respuesta (v. 17), ya lo prepara para la exigencia final (v. 21): «No se trata aquí solamente de escuchar una enseñanza y de cumplir un mandamiento, sino de algo mucho más radical: adherirse a la persona misma de Jesús, compartir su vida y su destino, participar de su obediencia libre y amorosa a la voluntad del Padre» (Juan Pablo II, Verit. spl. 19). La invitación de Jesús refleja la alegría, la suerte, la plenitud y perfeccionamiento de la Ley que se dan en quienes viven su vocación personal, que, ciertamente conlleva poner el corazón donde vale la pena y por ello vivir el desprendimiento de tantas banalidades. Tras la marcha del joven rico, Jesús expone la doctrina sobre las riquezas (cfr nota a Mc 10,23-31). Después, ante la pregunta de Pedro, explica el destino de quien ha seguido sinceramente a Cristo: seguir a Jesús supone creer en una «regeneración» (v. 28), en un nuevo nacimiento que haces feliz la vida en la tierra porque se saborea lo que será el cielo. El joven rico se fue triste. El que se acerca a Jesús, aunque haya líos y dificultades está alegre.
