Silencio. Silencio y oración. Jesucristo está muerto en el sepulcro. La iglesia no tiene liturgia. Hoy no hay eucaristía, ni lecturas, ni evangelio que comentar.
Cuando mataron a Jesucristo, sus discípulos se dispersaron. ¿En esto terminó el mesías? ¿Celebramos en la semana santa a un inocente al que crucificaron? Cien años antes también los romanos crucificaron a seis mil esclavos que se habían revelado a lo largo de la vía de Capua a Roma.
La peculiaridad de este que hoy yace en el sepulcro es que Jesucristo acepto padecer la muerte mas ignominiosa. Y Jesucristo es verdadero hombre y verdadero Dios. Si solo fuese hombre no habría podido expiar los pecados de todos nosotros; para eso ya tenían los judíos la fiesta del perdón, en la que se sacrificaba el chivo expiatorio todos los años. Pero este no era un perdón definitivo. Si solo fuese Dios, no tendría sentido y además es imposible que Dios se sacrifique a sí mismo.
El Verbo de Dios no puede morir, pero Jesucristo, con nuestra carne, sufrió, murió y fue sepultado. Lo importante y trascendental para nosotros es que esta carne, que es la nuestra y que terminó en el sepulcro, Dios la resucitó, y es una carne que después los discípulos vieron y tocaron. Hoy es un día para estar en silencio meditando sobre la muerte y resurrección de Jesucristo.
Esta noche celebraremos la vigilia pascual. La PASCUA DE RESURRECCIÓN.
