En aquel tiempo, Jesús subió al monte, llamó a los que quiso y se fueron con él.
E instituyó doce para que estuvieran con él y para enviarlos a predicar, y que tuvieran autoridad para expulsar a los demonios: Simón, a quien puso el nombre de Pedro, Santiago el de Zebedeo, y Juan, el hermano de Santiago, a quienes puso el nombre de Boanerges, es decir, los hijos del trueno, Andrés, Felipe, Bartolomé, Mateo, Tomás, Santiago el de Alfeo, Tadeo, Simón el de Caná y Judas Iscariote, el que lo entregó (San Marcos 3, 13-19).
COMENTARIO
El Evangelio siempre nos muestra el corazón de Dios, su entraña mas profunda, su intimidad… y en este caso su elección.
Dice que subió al monte. San Juan de la Cruz, maestro insigne de la espiritualidad mística, habla de que es necesario subir al monte para la unión con Dios.
Jesús sube al monte a orar, para poder llevar a cabo su cometido. Siempre que Jesús va a hacer algo importante se retira a la oración. Es muy importante no pasar por alto este punto. La oración es la capacitación para llevar a cabo la misión, sin oración no puede haber misión.
El Verbo estaba junto a Dios hemos leído este pasado tiempo de Navidad por lo tanto no tenia necesidad de elegir a nadie para llevar a cabo su tarea, si llama es por amor. Una persona llamada es una persona amada. Por lo tanto, es necesario sentirse y saberse amado. Dios ha pensado en mí, ha pensado en ti para una misión concreta.
Esa misión pasa por la donación de la autoridad misma de Jesucristo dada a sus discípulos. Es una misión que supera, una misión que fatiga humanamente hablando, y es una misión que si hiciéramos una entrevista a los apóstoles seguro que no contaban con ella.
Una misión que supera es signo indudable de la mano de Dios. Por lo tanto, no tenemos que tener miedo a lo que el Señor nos pida, porque en ese llamado va incluida la gracia, va incluida la fuerza y va incluida la autoridad misma del Señor.
Esa autoridad en la Iglesia la ejerce el Santo Padre con todos los Obispos, sucesores de los apóstoles, y ahí se cumple la promesa del Señor de estar con nosotros todos los días hasta el fin.
Los envía para dos misiones: predicar y expulsar demonios. Vamos a ver con detenimiento estas dos misiones.
Predicar: el mensaje mismo de la salvación. Dios nos envía a ser sus mensajeros en el mundo en el cual nos movemos y vivimos. Da igual como de enredado este el mundo, nosotros tenemos la fuerza de la gracia dada en la misión por el bautismo.
