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España

La CEE: La muerte de un inocente no es la solución a la malformación del feto

By BuenaNueva30 de enero de 2014No hay comentarios4 Mins de lectura
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El secretario general y portavoz de la Conferencia Episcopal Española (CEE), José María Gil Tamayo, ha afirmado hoy que la solución a la malformación del feto, que no está contemplado como un supuesto en la nueva reforma de la ley del aborto, «no está en la muerte de un inocente». El anteproyecto de ley de reforma del aborto ha sido uno de los temas sobre el que han reflexionado estos días los obispos en la CCXXX reunión la Comisión Permanente de la Conferencia Episcopal, en la que han tratado el temario de la próxima asamblea plenaria y el procedimiento a seguir para renovar los cargos para este trienio.

«Lo que hay que hacer son políticas sociales y leyes de verdadero acompañamiento en favor de los más necesitados y débiles. La eliminación de un ser inocente nunca es la solución a un problema porque, en ese caso, acabaríamos en el mundo con el hambre, eliminando a las personas, y así se tocaría a más», ha señalado.

El secretario general de la CEE está convencido de que el ser humano «tiene que apostar por lo positivo y la vida, y no por una línea eugenésica que no corresponde al sentido de humanidad que alberga toda persona».

«La línea es de vida, de solidaridad, justicia social, de reparto equitativo de los bienes, de atención a los más débiles y nunca el camino de la muerte», ha subrayado.

Para Gil Tamayo, «la defensa de la vida no es una cuestión conservadora, y la justicia social no es, en la iglesia, una cuestión de progresismo».

Y en esa línea ha insistido al ser preguntado en relación a los abortos terapéuticos, en los que las malformaciones del no nacido, son incompatibles con la vida, ya que el secretario general ha contestado que «la opción por la muerte no sería el camino».

«Yo tengo ahí, lo digo personalmente, una postura a ultranza de defensa de la vida absoluta. Abrir un camino y un resquicio supondría abrir una puerta a una línea eugenésica, porque luego entraríamos en los distintos tipos de calidad de vida».

Gil Tamayo ha abogado por la «opción por la vida absoluta y total» porque, a su juicio, al considerar al niño con malformación o discapacidad «entraríamos en una línea de una sociedad de selección de la especie». «Abrir una línea en ese ámbito supondría abrir una puerta enormemente de inhumanidad», ha apostillado.

Para la Conferencia Episcopal, el «gran drama del aborto es la aceptación social» porque, en su opinión, «hemos llegado a una sociedad que, por desgracia y por pérdida de valores y las circunstancias históricas, hemos perdido grados de valoración de la vida». «Hemos ido perdiendo tono de altura moral, y eso es una tarea pastoral para la Iglesia, que le incumbe», ha agregado.

Por todo ello, los obispos reconocen en el texto del anteproyecto presentado por el Gobierno «un avance positivo con respecto a la legislación vigente, que considera el aborto como un derecho».

«Nadie tiene derecho, en ninguna circunstancia, a quitarle la vida a un ser humano inocente. El aborto no es la solución, de la misma manera que el niño que va a nacer no es el problema», han insistido en un comunicado los obispos.

Pero también hacen hincapié en que aún «hemos hecho poco para acompañar adecuadamente a las mujeres que se encuentran en situaciones muy duras, donde el aborto se les presenta como una rápida solución a sus profundas angustias, particularmente cuando la vida que crece en ellas ha surgido como producto de una violación o en un contexto de extrema pobreza».

«A todos incumbe -concluyen los obispos- responder adecuadamente a estas situaciones por el camino de la solidaridad y la vida y no por el de la muerte de un ser inocente».

 

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