Décima Estación: Jesús es despojado de sus vestiduras.
Sión decía: «Me ha abandonado el Señor, mi dueño me ha olvidado.» ¿Es que puede una madre olvidarse de su criatura, no conmoverse por el hijo de sus entrañas? Pues, aunque ella se olvide, yo no te olvidaré.» (Is 49, 14-15)
“Recorramos todas las generaciones y aprenderemos cómo el Señor, de generación en generación, concedió un tiempo de penitencia a los que deseaban convertirse a él. Jonás anunció a los ninivitas la destrucción de su ciudad, y ellos, arrepentidos de sus pecados, pidieron perdón a Dios y, a fuerza de súplicas, alcanzaron la indulgencia, a pesar de no ser del pueblo elegido” (San Clemente Romano).
La imagen del ciprés en el claustro monástico es imagen de la oración continua, que se eleva en los monasterios a favor de toda la humanidad.
Texto bíblico: “Entonces Moisés suplicó al Señor, su Dios: -«¿Por qué, Señor, se va a encender tu ira contra tu pueblo, que tú sacaste de Egipto, con gran poder y mano robusta? Aleja el incendio de tu ira, arrepiéntete de la amenaza contra tu pueblo. Acuérdate de tus siervos, Abrahán, Isaac e Israel, a quienes juraste por ti mismo, diciendo: «Multiplicaré vuestra descendencia como las estrellas del cielo, y toda esta tierra de que he hablado se la daré a vuestra descendencia para que la posea por siempre.»» Y el Señor se arrepintió de la amenaza que había pronunciado contra su pueblo” (Ex 32, ).
El papa Francisco recomienda la oración de intercesión: “Hay una forma de oración que nos estimula particularmente a la entrega evangelizadora y nos motiva a buscar el bien de los demás: es la intercesión. Miremos por un momento el interior de un gran evangelizador como san Pablo, para percibir cómo era su oración. Esa oración estaba llena de seres humanos: «En todas mis oraciones siempre pido con alegría por todos vosotros […] porque os llevo dentro de mi corazón» (Flp 1,4.7). Así descubrimos que interceder no nos aparta de la verdadera contemplación, porque la contemplación que deja fuera a los demás es un engaño” (EG 281).
Pensamiento: Somos pueblo sacerdotal, de nuestra oración depende en parte la bendición de Dios sobre el mundo. Los cristianos tenemos la vocación y misión de orar por todos.
Oración: “Por ellos ruego; no ruego por el mundo, sino por los que tú me has dado, porque son tuyos” (Jn 17, 9).
Propuesta
Reza por todos, por los que te agradan y por los que no. Intercede de manera discreta y continua por la paz, por la convivencia social, por que llegue a todos la noticia del Evangelio. La oración es misionera y evangelizadora.