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Evangelio

Entre el cielo y el infierno

By BuenaNueva29 de julio de 2014No hay comentarios5 Mins de lectura
Reflexion, evangelio, hoy, Martes
Comentario al evangelio de hoy Martes
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«En aquel tiempo, muchos judíos habían ido a ver a Marta y a María, para darles el pésame por su hermano. Cuando Marta se enteró de que llegaba Jesús, salió a su encuentro, mientras María se quedaba en casa. Y dijo Marta a Jesús: «Señor, si hubieras estado aquí no habría muerto mi hermano. Pero aún ahora sé que todo lo que pidas a Dios, Dios te lo concederá.» Jesús le dijo: «Tu hermano resucitará.» Marta respondió: «Sé que resucitará en la resurrección del último día.» Jesús le dice: «Yo soy la resurrección y la vida: el que cree en mí, aunque haya muerto, vivirá; y el que está vivo y cree en mí, no morirá para siempre. ¿Crees esto?» Ella le contestó: «Sí, Señor: yo creo que tú eres el Mesías, el Hijo de Dios, el que tenía que venir al mundo”».  (Jn 11,19-27)


Y Dios creó a los ángeles. Y les dotó de una serie de atributos y gracias inmensas. Participaban de la gloria divina y disfrutaban de una felicidad insuperable. Pero a uno de ellos, a Satanás, no le bastaba con eso.  Aspiraba y ambicionaba ser Dios. No necesitó ser tentado para tomar su decisión,  esta fue fruto exclusivo del ejercicio de su libertad, iniciando así, en un acto total de rebeldía, una batalla contra el mismo Dios que le había creado. Su arrogancia le impidió comprender que no podía vencer al que Era, Es y  Será omnipotente. Fue vencido y desterrado eternamente al infierno,  lugar en el que los sufrimientos físicos y espirituales son indescriptibles. Satanás sedujo en su rebelión a un enorme número de ángeles con los que formó su ejército y a los que arrastró consigo a la condenación eterna.

Y Dios creó al hombre en medio de un mundo diseñado para su felicidad. El demonio vio en esta creación una oportunidad única para “vengarse” de Dios y satisfacer además sus irrefrenables ansias por hacer el mal. Su odio infernal podía manifestarse destruyendo la creación de Dios. Proyectó corromper y separar al hombre de su Creador, arrastrándolo así con él al infierno y someterlo a la esclavitud eternamente. Dios puso tanto amor en su creación que hizo al hombre libre, y si libre, también responsable. Podía ser tentado y tendría que decir sí o no. Adán y Eva  tentados y engañados por el demonio, dijeron no a Dios.

El hombre ha sido creado para gozar y ser feliz eternamente en la presencia de Dios, como lo era Satanás en un principio, antes de ser arrojado al infierno. En su siniestro destierro, al Maligno solo le queda el consuelo de llevar a sus dominios al mayor número de hombres posible. Para conseguir este objetivo se afana por ocultar verdades como la existencia de Dios, el cielo, el demonio y el infierno. En este punto aterrizamos en el hoy para observar cómo el demonio está consiguiendo resultados a su favor.

Se puede ver que una parte muy importante de la humanidad proyecta su vida  en una dimensión puramente terrena, en el anonimato, en un plano horizontal, ignorando que cada uno deberá rendir cuentas del uso que haya hecho de su libertad. Muchos hombres viven como si Dios no existiera y  como si todo dependiera de sí mismos.

Un padre de amor no puede dejar de advertir a sus hijos, sobre todo aquello que sea peligroso para ellos. Les explica y les orienta por el camino que lleva a la felicidad y les alerta sobre otras sendas muy atractivas, pero que terminan en un callejón sin salida. Jesús, en el evangelio, demuestra que le importamos mucho, y por eso  no se anda por las ramas. Nos anuncia que “los justos brillarán como el sol en el reino del Padre” y que los malvados serán arrojados al horno encendido, donde será el llanto y el rechinar de dientes. No quiere que desperdiciemos un tesoro tan grande como es el cielo. Estemos contentos, porque nadie, ni el mismo Satanás, puede arrebatarnos este regalo si permanecemos unidos al Señor. En la Iglesia, con los sacramentos, escuchando y haciendo nuestra la Palabra de Dios, teniendo a la oración como sustento diario y acogiendo abiertamente las gracias que el Señor nos regala, podemos  combatir con garantías de éxito.

Los discípulos de Jesús intuyen la importancia y el valor de la parábola de este evangelio, pero no acaban de entenderla. La explicación posterior que Jesucristo hace sirve para que cualquier hombre, con los oídos abiertos, pueda tomar conciencia de la enorme trascendencia de este paso a la vida eterna que es la existencia  de cada uno. Nos vale para que no nos perdamos en lo accesorio y podamos afrontar los desafíos diarios con constancia y esperanza, apoyados en la misericordia divina.

“No hay temor en el amor”. “Ama y haz lo que quieras”. “La misericordia se ríe del juicio”…, estas verdades nos llevan a la esperanza, la alegría y a fortalecer nuestro espíritu. El amor debe ser el motor de nuestros pasos por el sendero de la vida. Y si el movimiento se demuestra andando, el amor se muestra escuchando a los demás sin prisas, “perdiendo” nuestro tiempo y nuestras comodidades con el otro, sirviendo al necesitado, perdonando en todo momento y poniéndonos siempre en el lugar del prójimo.

El amor es mucho más que un sentimiento y nos lleva a una entrega para la que muchas veces tenemos que vencer resistencias interiores y a nuestro propio “yo”. El amor en esta dimensión siempre pasa también por la gracia de Dios. Solo en este amor podemos alcanzar el descanso, la paz, la libertad y la alegría. Porque cada vez que amamos así nos encontramos con Cristo y podemos ser felices. Una vez que probamos esto, lo demás pierde el valor que equivocadamente le habíamos otorgado. Todo adquiere su verdadera dimensión. Este es el camino que nos lleva al cielo. Descubierto esto, quien se pierde es porque quiere.

Hermenegildo Sevilla Garrido

 

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