El cardenal Antonio María Rouco Varela inauguró este martes su última Asamblea Plenaria como presidente de la Conferencia Episcopal Española, haciendo un balance de la labor realizada por esta institución eclesiástica desde su creación en 1966 y los desafíos que plantea a la Iglesia y al propio orden político y social la actual «cultura postcristiana» que vive España.
En su discurso de bienvenida a los obispos, que elegirán este miércoles a su nuevo presidente para los próximos tres años, el arzobispo de Madrid echó la vista atrás para resaltar cómo la Conferencia Episcopal «ha acompañado el paso de la vida social y política de nuestro país con especial atención en tiempos de muchos cambios y de muchos problemas». Sus respuestas, según recordó, son «un riquísimo acervo de análisis, diagnóstico y doctrina».
Sintetizar en pocas palabras 50 años de trabajo no era una tarea sencilla, pero el cardenal fue enumerando uno a uno los principales documentos aprobados por esta institución. Todos los ámbitos de la vida social y política aparecieron reflejados. Desde la defensa de la vida,el matrimonio y la familia hasta el terrorismo, los nacionalismos, la relación Iglesia-Estado y la crisis económica.
«Ningún privilegio»
«Cuando la Iglesia interviene públicamente sobre estos asuntos no lo hace para reivindicar ningún privilegio para ella misma. Lo hace más bien para colaborar a la justa ordenación de la vida social y a la tutela adecuada de los derechos fundamentales de todos los ciudadanos», afirmó.
En este sentido, recordó que el matrimonio y la familia «no son una realidad exclusiva o particular de los cristianos». «Constituyen más bien la célula básica de todo cuerpo social. Cuando no son reconocidos ni protegidos por la sociedad ni por las leyes de modo adecuado a su naturaleza propia y a su relevancia humana, la Iglesia ha de prestar su ayuda, con su palabra y con su vida, al camino del hombre», añadió.
Pero toda esta labor de «discernimiento y orientación moral» realizada a lo largo de medio siglo no siempre ha sido bien comprendida. «La situación no es fácil», sentenció Rouco Varela, quien, recordando las palabras del Papa Francisco, achacó a la «cultura mundana que arrincona a Dios en la vida privada y lo excluye del ámbito público» algunos de los principales problemas que atraviesa España.
«La misma nación española -afirmó- se encuentra con graves problemas de identidad, amenazada por posibles rupturas insolidarias». Siguiendo esta línea, también citó el «envejecimiento alarmante» de la sociedad, «la crisis profunda» que atraviesa el matrimonio y la familia; «la cultura disgregadora y materialista del tener y disfrutar», y el pobre nivel intelectual del discurso público, «afectado por el relativismo y el emotivismo». «Todo ello -auguró- configura una situación cultural que bien podemos calificar de postcristiana».
Frente a la dura realidad del lacismo y la secularización, el arzobispo de Madrid recordó que «la gran tarea pendiente» de la Iglesia sigue siendo «la misión, la nueva Evangelización», una labor que el propio Papa Francisco les encomendó a los obispos el pasado día 3 durante una audiencia en el marco de la visita ad limina.
Lejos del pesimismo, el cardenal afirmó que «hay muchos motivos para la esperanza», ya que la Iglesia cuenta con una nueva generación de sacerdotes y laicos, movimientos eclesiales, consagrados, familias y jóvenes «dispuestos al testimonio y a la evangelización, con humildad y sin complejos». Además de una fe que «mantiene sus hondas raíces en la conciencia popular, alimentada por la piedad del pueblo y por el ejercicio de la caridad con los más necesitados».
