En aquel tiempo, al enterarse Jesús de la muerte de Juan el Bautista, se marchó de allí en barca, a solas, a un lugar desierto. Cuando la gente lo supo, lo siguió por tierra desde los poblados. Al desembarcar vio Jesús una multitud, se compadeció de ella y curó a los enfermos. Como se hizo tarde, se acercaron los discípulos a decirle: «Estamos en despoblado y es muy tarde, despide a la multitud para que vayan a las aldeas y se compren comida». Jesús les replicó: «No hace falta que vayan, dadles vosotros de comer». Ellos le replicaron: «Si aquí no tenemos más que cinco panes y dos peces». Les dijo: «Traédmelos». Mandó a la gente que se recostara en la hierba y tomando los cinco panes y los dos peces, alzando la mirada al cielo, pronunció la bendición, partió los panes y se los dio a los discípulos; los discípulos se los dieron a la gente. Comieron todos y se saciaron y recogieron doce cestos llenos de sobras. Comieron unos cinco mil hombres, sin contar mujeres y niños (San Mateo 14, 13-21).
COMENTARIO
He aprendido con los años que como dice la canción popular “todos queremos más y más y mas y mucho más…” y ciertamente nada material termina de saciar al hombre. Esa ha sido y sigue siendo mi experiencia hasta que te dejaste encontrar por mi Señor. Guardo como un tesoro en mi corazón aquella mañana que escuché con los oídos del corazón la parte del Sermón del Monte en que decías a tus discípulos y seguidores: “Buscad primero su Reino y su justicia, y todas esas cosas se os darán por añadidura” Mt 6,33. Porque sin duda Señor quien se encuentra contigo lo tiene todo, porque tu eres el Camino, la Verdad y la Vida con mayúsculas porque sin ti nada tiene sentido y contigo todo encuentra su porqué y su para qué. Tu eres luz para los que andamos ciegos buscando saciar nuestra sed de tener, de poseer, de llenar nuestros vacíos y nuestros afanes. Si tu no llenas nada rebosa. ¿Qué soy yo sin ti Señor? como decía la santa Teresa: “soy la nada mas el pecado”. De ti uno recibe el consuelo ante las adversidades, la esperanza de que al final del túnel por el que todos pasamos nos esperas tú. Porque tu eres, estas y estarás siempre esperándonos con los brazos abiertos de buen padre para saciar lo insaciable de nuestro ser mas profundo. Por eso tras escuchar este evangelio como alimento espiritual que hoy me propones, quiero hacer mias las palabras de esta doctora y maestra de la Iglesia que hablando tantas veces contigo como yo ahora, escribía lo que siempre será mi consuelo y traerá la paz y el sosiego a mi alma: “Nada te turbe, nada te espante, todo se pasa, Dios no se muda. La paciencia todo lo alcanza; quien a Dios tiene, nada le falta. Solo Dios basta.” Teresa de Jesús
¡Buen dia con el Señor!
